La Alameda: abre sus puertas una casa cultural en San Agustín.

La Casa Cultural Alameda culminará el festejo de su primer aniversario con lo que mejor saben hacer en San Agustín: una descarga musical, el sábado 17.

El 13 de abril es una fecha cargada de significados para esta parroquia caraqueña pues ese día celebran el cumpleaños de la Casa Cultural, un gran espacio que funcionó como depósito de películas del Circuito Cines Unidos hasta el año 2004, cuando 9 personas tomaron sus instalaciones para convertirlas en refugio de las actividades educativas y culturales comunitarias.


En conmemoración a esta fecha, el pasado miércoles hicieron una fiesta en la Alameda. Con torta, bebidas y otras actividades como la proyección del documental de la toma -realizado por la argentina Laura Vásquez-, una sala de exposiciones y el repique de los tambores, los parroquianos festejaron lo que ellos sienten como una conquista.

ABN conversó con algunos de los responsables de la toma que ahora forman parte de la junta directiva de la casa Alameda.

Javier Madrid, apoyo de la casa en el área audiovisual, expresó que desde hace más de 20 años los artistas del sector ya hablaban de la carencia de un espacio colectivo "donde pudiéramos reunirnos y la comunidad pudiera ejercer su participación", señaló.

Contó que en la plazoleta de "El Afinque de Marín" una asamblea popular decidió la ocupación de la casa el día 13 de abril de 2004. Ese mismo día la Comisión de Grupos Organizados, conformada por miembros de las diferentes organizaciones comunitarias de San Agustín, ejecutaron la acción con el voto y las firmas de más de 200 personas porque, según dijo, sentían que era necesario hacer algo ante la inoperancia del poder parroquial.
Madrid recordó que en aquel momento la Policía Metropolitana los tildó de invasores pero luego se disiparon las dudas gracias a la mediación de algunos líderes vecinales que explicaron sus claros objetivos sobre el destino de aquella propiedad.

Un gerente del circuito Cines Unidos llegó aproximadamente un mes después en representación de los dueños. En opinión de Madrid, "nunca estuvieron en contra pero querían saber por qué y para qué hicimos lo que hicimos. Llegamos a un acuerdo amistoso e incluso nos dejaron unas películas".

Luego comenzó el proceso de recuperación de la casa. Para recibir cualquier ayuda financiera era necesario que se le diera personalidad jurídica al viejo e histórico Teatro Alameda, que ahora se llama Casa Cultural Alameda.

Así fue como pudieron recibir del Centro Simón Bolívar algunos materiales de construcción, más un financiamiento para las remodelaciones que llegó de parte de una empresa privada española gracias a la gestión del madrileño Sergio Ramírez y la vasca Amaya, quienes son miembros del Comité Canario de Solidaridad con los Pueblos.

En la Alameda de puertas abiertas se incorporaron las misiones del Gobierno nacional, se empezaron a dictar talleres de música y danza y últimamente algunos cursos de arte y oficio (peluquería y auxiliar de preescolar, entre otros) que se decidieron en una asamblea popular.

Los talleristas o facilitadores con los mismos vecinos quienes, expertos en alguna de estas áreas, comparten sus conocimientos sin cobrar dinero por ello.

José Gregorio Ruiz, colaborador en la casa, indicó que la mayor parte del trabajo se ha hecho con el esfuerzo propio y que el interés de los gobiernos locales no se ha traducido en ayudas concretas.

Sin embargo, subrayó que el proyecto con la Alameda depende del empeñó comunitario "y del enlace con el Estado, que es el trampolín para los grupos organizados".

Ruiz no pide dádivas sino el primer impulso para echar a andar los proyectos que luego les permitirá autofinanciarse. Su mayor apuesta es un taller de metalmecánica, pues en la casa existen las maquinarias que se necesitan para montarlo.

Aseguró que el objetivo a largo plazo es lograr que la casa se convierta en un centro endógeno en el que los mismos habitantes puedan desempeñar una actividad productiva que, a su vez, tenga impacto en el desarrollo social.

A un año de la toma, Ruiz se siente orgulloso del cambio en la Alameda y su deseo es que la formación de la gente continúe pues todavía quedan residuos de apatía que impiden su participación en las luchas sociales.

Para Madrid también es un orgullo pararse en frente de la casa, ver el cambio y a partir de él casi tocar el sueño de que pronto será más hermosa. "Se invita a la gente a que participe, las puertas están abiertas. Aquí se están sembrando conocimientos para que los oportunistas de oficio recuerden que la gente

Agencia Bolivariana de Noticias. (15-4-2005)