Madrid recordó que en aquel momento la Policía Metropolitana los tildó de invasores pero luego se disiparon las dudas gracias a la mediación de algunos líderes vecinales que explicaron sus claros objetivos sobre el destino de aquella propiedad.
Un gerente del circuito
Cines Unidos llegó aproximadamente un mes después en representación de los dueños. En opinión de Madrid, "nunca estuvieron en contra pero querían saber por qué y para qué hicimos lo que hicimos. Llegamos a un acuerdo amistoso e incluso nos dejaron unas películas".
Luego comenzó el proceso de recuperación de la casa. Para recibir cualquier ayuda financiera era necesario que se le diera personalidad jurídica al viejo e histórico Teatro Alameda, que ahora se llama Casa Cultural Alameda.
Así fue como pudieron recibir del
Centro Simón Bolívar algunos materiales de construcción, más un financiamiento para las remodelaciones que llegó de parte de una empresa privada española gracias a la gestión del madrileño Sergio Ramírez y la vasca Amaya, quienes son miembros del Comité Canario de Solidaridad con los Pueblos.
En la Alameda de puertas abiertas se incorporaron las misiones del Gobierno nacional, se empezaron a dictar talleres de música y danza y últimamente algunos cursos de arte y oficio (peluquería y auxiliar de preescolar, entre otros) que se decidieron en una asamblea popular.
Los talleristas o facilitadores con los mismos vecinos quienes, expertos en alguna de estas áreas, comparten sus conocimientos sin cobrar dinero por ello.
José Gregorio Ruiz, colaborador en la casa, indicó que la mayor parte del trabajo se ha hecho con el esfuerzo propio y que el interés de los gobiernos locales no se ha traducido en ayudas concretas.