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Coordinadora Zapatista

Los restos de la Revolución Mexicana y los zapatistas: el porqué de una rebelión y la marcha al Distrito Federal
El artículo 27 de la Constitución mexicana.


El siglo XX comenzó en México bajo el signo de la Revolución. Las huelgas en los ferrocarriles en 1903 y 1906, la de la mina de cobre de Cananea y de nuevo los ferrocarriles en 1908, anunciaron la Revolución que comenzó en 1910. Cuando ésta terminó, en 1920, Emiliano Zapata ya había sido asesinado (el 10 de abril de 1919) y Francisco Villa lo sería en breve (20 de julio de 1923).
De las cosas que quedaron en pie como resumen de los años de lucha, estaba la Constitución que había sido aprobada el 31 de enero de 1917 en el marco de una Convención en que liberales y conservadores midieron, ideológicamente, sus posiciones. Si bien la Constitución recogió tan sólo una pequeña parte de las demandas campesinas, las fuerzas liberales burguesas más avanzadas lograron imponer algunos puntos que la convirtieron a en la más avanzada del mundo en ese momento, pues aunque no rebasaba los marcos del derecho burgués, prácticamente declaraba inconstitucionales a los terratenientes y a los latifundios, defendía los derechos de obreros y campesinos y favorecía y estimulaba reformas nacionalizadoras en ramas fundamentales de la economía.

Esta avanzada Constitución fue objeto, sobre todo a partir de los años 50, de innumerables modificaciones que fueron tratando de cambiar ese carácter progresista bajo el pretexto de modernizar sus postulados. La ultima modificación importante la realizó Carlos Salinas de Gortari que con el cambio del artículo 27, dio fin a ese ciclo «modernizador» de la Constitución.
Fue precisamente el articulo 27 uno de los puntos que centraron mayores discusiones en su formulación; finalmente, recogió una de las demandas más importantes de los grupos campesinos que se unieron a la lucha de Zapata y Villa: declaraba que la propiedad de las tierras y las aguas en territorio mexicano correspondía originariamente a la nación, que a su vez tenía el derecho de transmitir su dominio a los particulares, constituyendo así la propiedad privada; pero, sobre todo, sancionaba las normas de reparto agrario y establecía el ejido, forma moderna de la propiedad comunal con la categoría de institución constitucional junto a la pequeña propiedad.
En suma, la Constitución Mexicana fue obra de la burguesía capitalista, pero también testimonio directo de las conquistas arrancadas por las masas campesinas en su lucha.

Al amparo del artículo 27 constitucional, Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo, e inició de forma masiva la reforma agraria. La creación y constitución de ejidos empezó a extenderse por todo el país y aunque los gobiernos posteriores trataron de frenar este proceso no fue sino hasta Carlos Salinas de Gortari que un Presidente fue capaz de decir que el reparto agrario en México se había acabado.
Al amparo constitucional, los pueblos y comunidades que solicitaban la dotación de tierras bajo la forma ejidal asumían la propiedad de la tierra que les ligaba en principio a sus comunidades, es decir, la tierra otorgada bajo esta forma era repartida de manera equitativa entre todos los miembros que vivían en la comunidad y, por tanto, podían trabajarla; la tierra podía ser transmitida de padres a hijos, pero en ningún caso se admitía su venta y mucho menos su embargo, representando así la garantía de que. al menos, todos los miembros de la comunidad tendrían un trozo de tierra para sobrevivir

En las décadas siguientes a Cárdenas, los expedientes agrarios sin resolver, unos de constitución de nuevos ejidos, otros de ampliación de los ya existentes, se acumularon por millares. Pese a todo, los campesinos en México, en su mayoría indígenas, mantenían la esperanza de ver, en algún momento, resueltas favorablemente sus demandas. Esa esperanza permeaba el país de norte a sur, incluido Chiapas donde miles de indígenas habían emigrado hacia la zona de la Selva a partir de los años 40 formando nuevos centros de población y solicitando para los mismos la correspondiente dotación de tierras. Es obligado decir que, en diferentes momentos, este éxodo a la selva fue alentado por los Gobiernos Federal y Estatal como forma de aliviar la presión que campesinos sin tierras ejercían sobre los latifundios camuflados, propiedad de finqueros y ganaderos.

Cuando ya en la década de los noventa; Salinas comenzó a negociar con Estados Unidos y Canadá el Tratado de Libre Comercio, este tipo de propiedad de la tierra resultó uno de los escollos más duros: sus futuros socios exigían que la propiedad de la tierra pudiese cambiar de manos por medio de las transacciones más comunes en el mundo en que vivirnos: la compra y venta y, por qué no, el embargo, ya que, desde el punto de vista agrícola, México aparecía como un fabuloso mercado del que sacar buenos productos al exterior y, por tanto, jugosas ganancias de las grandes corporaciones agrícolas de los países del norte.

Así Pues, Carlos Salinas hizo una nueva modificación a la Constitución eliminando del artículo 27 las trabas que impedían que las tierras pudieran entrar en el «mercado mundial de tierras». Además, y para que el trabajo fuera completo dio por finalizado el reparto agrario. Esta, junto con las condiciones de marginación y miseria en que viven las comunidades indígenas, fue una de las causas que propició la Rebelión Zapatista en Chiapas, que tiene entre sus reclamaciones principales el acceso a la tierra, muy unida a la demanda de autonomía para los pueblos indios.

DEL EZLN al DF: La marcha

Desde la aparición del EZLN el 1 de enero de 1994, el gobierno mexicano, primero a través de Salinas, y luego de Ernesto Zedillo, declaró que deseaba buscar la paz, pero se preparó para la guerra. Durante los seis años de gobierno de Zedillo, por tres veces se inició el diálogo, pero el Presidente no sólo no cumplió lo firmado, sino que aumentó la militarización de Chiapas hasta límites insospechados. En una estrategia que seguía modelos desarrollados en otros países de Centroamérica, inició una Guerra de Baja Intensidad que se caracterizó por la creación de grupos paramilitares y el acoso a las bases de apoyo zapatista; sus resultados fueron secuestros, desapariciones, más de l60 presos y numerosos asesinatos.

Sin embargo los Acuerdos de San Andrés nunca cumplidos por el gobierno, y que implicaban nuevos e importantes cambios en la Constitución del país con el fin de recoger adecuadamente temas como la Autonomía Indígena y el respeto a sus normativas jurídicas tradicionales, se fueron convirtiendo en el eje central de las demandas, no ya de los zapatistas sino de la mayoría de los pueblos indios del país.
Los zapatistas solicitaron al nuevo presidente de México tres señales de buena voluntad: la liberación de los presos zapatistas, la salida del Ejército Federal de siete de las 259 posiciones que hasta ese momento se mantenían en Chiapas y, finalmente, que los acuerdos de San Andrés en su formulación jurídica elaborada por la Comisión de Concordia y Pacificación fueran aprobados por el Congreso de la Unión. Y para conseguir esto último, el día 2 de diciembre del año 2000, un día después de la toma de posesión del nuevo Presidente Vicente Fox, los zapatistas anunciaron su intención dc ir hasta la ciudad de México y defender ante del Congreso los intencionados Acuerdos.
Este anuncio provocó gran alegría y apoyo por parte de la sociedad civil y un claro rechazo por parte de los sectores más duros del empresariado y del PAN, partido al que pertenece Fox.

La Marcha por la Dignidad Indígena comenzó el 24 de febrero con la llegada de los delegados zapatistas a la ciudad de San Cristóbal de las Casas. Durante dos semanas, recorrieron doce Estados del país en una caravana que en algunos momentos llegó a tener 8 km.
Finalmente día 11 de marzo de 2001, llegaban sin armas pero con sus pasamontañas como todo un símbolo, en medio de la manifestación más entusiasta que se recuerda, a la Ciudad de México, Distrito Federal.
Tras varios tiras y aflojas el Congreso de la Unión invitó Cámara delante de los miembros de las Comisiones de Asuntos Indígenas, y Puntos Constitucionales. Desde el anuncio de la Marcha y durante su realización de forma escalonada fueron liberados la mayoría de los presos zapatistas; también, con muchas inexactitudes, el Ejército Mexicano se fue retirando de las posiciones solicitadas por los zapatistas, cumpliéndose esta condición cabalmente, poco antes de la entrada de la Comandancia en el Congreso.

Por último, tal y como lo dijeran los propios zapatistas, gracias a la presión nacional e internacional, una delegación del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, formada por veintitrés Comandantes, todos indígenas, acompañados por miembros del Congreso Nacional Indígena, entraron por la puerta principal al Congreso de la Unión, y cuatro de ellos, junto con tres miembros del Congreso Nacional Indígena hicieron uso de la tribuna para defender la llamada Ley COCOPA y exponer la situación de sus pueblos en el país.
En el discurso central, leído por la Comandante Esther, anunciaron, ha llegado el momento de empezar unos contactos, que puedan terminar en un diálogo que. al resolver las causas que originaron el conflicto sienten las bases de una Paz con Justicia y Dignidad después de siete años de guerra. Esa es la nueva esperanza.

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