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María
Gutiérrez
Han pasado
ya seis años desde que la Ley del Jurado entró en vigor. ¿Qué
balance se puede hacer de su implantación? ¿Beneficia o perjudica
al justiciable? ¿Qué problemas encontramos a la hora de someternos
al veredicto de nueve ciudadanos sin conocimientos de derecho?
Ésta y otras cuestiones se suscitaron entre cinco compañeros:
María Jesús Díaz Veiga, José Luis Galán,
Begoña Lalana, Lourdes Peralta y Francisca Villalba.Durante varias
horas los letrados, todos ellos con experiencia previa en juicio por jurado,
debatieron los puntos más sobresalientes de un procedimiento que
para muchos es aún desconocido.
Dado el interés de sus reflexiones hemos optado por una transcripción
casi literal de la conversación, lo que nos obliga a dividirla en
varias entregas que aparecerán en los próximos números.
Entendemos que el tema merece la pena.
SIN LA VENIA:
¿Qué importancia dais a la fase de instrucción en un
procedimiento que exige la reproducción de todo lo actuado?
FRANCISCA VILLALBA: Hay que presentar las pruebas en la instrucción
aunque se alargue. Tened en cuenta que hay procedimientos que se incoan
por esta Ley y luego se convierten en Sumarios Ordinarios.
BEGOÑA LALANA: Pero hay veces que se alarga innecesariamente. ¿Tiene
algún sentido que el forense aclare que la navaja encontrada es el
arma homicida si va a tener que volver a hacerlo en la fase oral?
MARÍA JESÚS DÍAZ VEIGA: Yo creo que sí porque
la Instrucción es la preparación del Juicio, aunque las declaraciones
deban reproducirse. Como letrado, cuando ese forense se va a ratificar,
sabes un poco por dónde va: qué tipo de pericia tiene, cómo
se ha hecho la autopsia, por donde falla su informe. Es importante saber
por dónde puedes meter mano al interrogarle en el juicio.
JOSÉ LUIS GALÁN: El problema es que nosotros estamos hechos
a una instrucción larga y exhaustiva y es difícil despejarnos
de ese prejuicio. Es cuestión de estrategia, hay veces que interesará
y hay veces que no. Imagina un asunto en el que lo tengas muy mal, pues
mas te vale cruzar los dedos y a ver qué pasa en el Juicio.
LOURDES PERALTA: Aunque las declaraciones de la Instrucción no sirvan
como prueba de cargo tú las cuentas en el Juicio, el Jurado escucha.
GALÁN: Otra cuestión es que es un latazo tanta comparecencia.
Total para que se llegue allí y se dicte lo que se lleva preparado.
SIN LA VENIA: ¿Pensáis
que el proceso de selección del Jurado es suficiente?
VILLALBA: A mí me parece que el cuestionario que rellenan los candidatos
sobra. ¿Para qué quieres más?
LALANA: Yo creo que es insuficiente porque la gente puede mentir en el acto
de selección pero la información que te da la encuesta es
indiscutible. No se les pregunta si tienen hijos y a mí en un caso
me interesaban mujeres con hijos, quería que en mi jurado hubiera
madres. Claro que iba de acusación, a la defensa igual le interesaba
gente soltera. El cuestionario te debería dar datos que no dependan
de cómo conteste un Jurado a las preguntas que se le formulen.
VILLALBA: Pero tú puedes recusar.
DÍAZ VEIGA: Las cuatro recusaciones que tienes son insignificantes,
al final acabas escogiendo al menos malo.
VILLALBA: Yo hice un curso en el que me recomendaron que no escogiese a
los que me favorecieran sino a los que no me perjudicase. Yo creo que ese
debe ser el criterio, quitarse a los que te puedan perjudicar. El problema
es qué preguntas haces.
DÍAZ VEIGA: Claro, interrogar a los jurados y saber cómo van
a enfrentarse a un juicio es muy complicado, porque si haces preguntas genéricas
siempre contestan de una forma correctísima, vivimos en una sociedad
en que hay cierta cultura de saber contestar. Para saber realmente qué
tipos tienes enfrente yo no sé muy bien qué hacer. Creo que
hay que hacer preguntas radicales a la gente. Si les preguntas si son racistas
te contestan a coro que no pero cuando se meten los nueve ahí y se
ponen a deliberar es otra cosa. Yo creo que el ser humano saca en ese momento
sus peores instintos.
GALÁN: El jurado yendo de defensa es muy jodido, el pueblo soberano
cuando se pone justiciero... Yo prefiero el jurado si voy de acusación.
La presunción de inocencia es un principio constitucional técnico,
el Juez lo asume muy bien pero el ciudadano todavía tiene la idea
de que si está aquí por algo será.
PERALTA: Para mí, mucho más importante que la información
sobre la persona es la información psicológica. Más
que saber si tiene hijos o no me interesa saber a quién estás
interrogando.
VILLALBA: A lo mejor el problema es ése, que interesaría una
conversación más cercana. ¿Usted qué piensa
sobre esto, sobre lo otro? Yo le pregunté a una psicóloga
y me dijo una cosa muy seria, que a partir de la propia pregunta haces a
la gente pensar. Por ejemplo, si le preguntas qué es más importante,
un policía o un mendigo siempre dirá que le da igual pero
acabará planteándose si es más importante lo que diga
un policía que lo que diga un mendigo. Y además tiene que
ser leal con su propia respuesta.
DÍAZ VEIGA: Una historia que tienen los jurados es que les importa
su propia piel. Si llevas a un pringao acusado de homicidio van a pensar
: "a este tío lo absolvemos, va a la calle y coge a mi hija".
Se guían más por sus propios miedos que por la prueba que
ven en el juicio.
VILLALBA: Yo no estoy de acuerdo. Una vez mi cliente se había comido
ante el Juzgado su participación en los hechos y yo lo había
admitido. Sin embargo el psiquiatra de la cárcel me dijo que no era
cierto. Así que llegué al juicio y en las alegaciones previas
dije que todo lo anterior no valía y con las pruebas del día
a día se vio que era inocente. Y lo absolvieron.
GALÁN: Porque era un mendigo contra otro mendigo. Imagínate
a un mendigo contra un ciudadano corriente. Si la víctima hubiera
sido un estudiante...
VILLALBA: Creo que no, creo que con las pruebas que aporté el jurado
tuvo claro que era inocente. Por las pruebas.
PERALTA: El Jurado llega a la deliberación después de toda
la vista, ahí los vas convenciendo. Yo llevé a unos gitanos
por un allanamiento de morada y tuve absolución por unanimidad. Depende
cómo lo hagas tú. A mí me benefició mucho que
fuera Jurado. Porque cuando llegan a la deliberación lo de los bajos
instintos ya está modificado por todo lo que han ido viendo. Se dan
cuenta de que el que se mete en la casa tiene una situación distinta
a la suya, le ven la cara, a la chica embarazada, te oyen hablar en términos
a los que no están acostumbrados. Y mira a mí. La deliberación
fue rapidísima y absolución por unanimidad.
SIN LA VENIA: ¿Cómo
influye en el juicio el nivel cultural de los miembros del jurado?
LALANA: Yo creo que en general interesa gente con cierta capacidad cultural.
Yo he visto jurados que han tenido que ir a una asesoría para que
les rellenaran el cuestionario, y otros dos analfabetos. Para ver si podían
tener manía a la víctima les pregunté si viajaban al
País Vasco y resultó que no viajaban, ni al País Vasco
ni a ninguna parte. Había un nivel cultural y económico bajísimo.
VILLALBA: Yo he visto estudiantes, informáticos, un camarero...
DÍAZ VEIGA: Yo esto del nivel cultural no lo tengo claro, en el último
que tuve dos titulados superiores y el resto de nivel más bajo. Quitamos
a los titulados porque su capacidad de manipulación sobre el resto
era tremendo. Lo interesante es que haya debate.
GALÁN: Yo me quité de en medio un tío que era un líder
nato, era jugármelo a un sólo jurado.
PERALTA: Yo tuve uno que parecía el líder y me dirigí
a él todo el tiempo. Es cuestión de suerte.
SIN LA VENIA: ¿Cómo
creéis que hay que actuar si uno de los jurados participa más
que el resto? ¿Es algo positivo o negativo?
LALANA: Yo creo que no es negativo que alguien lleve la voz cantante. Yo
tuve a la encargada de limpiezas de unos grandes almacenes. Era una tía
muy lista, hacía preguntas estupendas. Yo prefiero un jurado participativo,
preocupado por el Juicio que uno pasivo que se sienta y no pregunta nada.
Aquí se acordaban de las pruebas y tenían un croquis sobre
la mesa. Había dos o tres mujeres que llevaban la voz cantante y
a mí no me perjudicó, al contrario. Cierto que yo iba de acusación
y la defensa lo tenía bastante mal con un acusado tan espantoso y
tan macarra.
VILLALBA: Es importante saber por dónde van ellos, porque a lo mejor
no tiene nada que ver en por donde vamos nosotros. A la vista de cómo
preguntan nos damos cuenta de por donde van y dan una pista.
PERALTA: Quizás también minusvalo-ramos un poco a las personas.
DÍAZ VEIGA: Yo he visto hacer preguntas que no se nos ocurrían
ni al fiscal ni a las defensas.
LALANA: La gente tiene mucho sentido común, y luego se fijan mucho
y están muy pendientes.
DÍAZ VEIGA: Vamos a ver, yo creo que los jurados no son tontos, he
visto que es gente que se lo toma con muchísima responsabilidad,
que en el debate participan y creen que es una cosa muy seria...., Otra
cosa es que a la hora de dictar el veredicto primen determinadas emociones
que son ajenas a lo que ha pasado en el juicio. Gente que ellos piensan
que puede ser un peligro social. En determinados asuntos, tienen unos condicionantes
muy fuertes para juzgar con una cierta parcialidad, bueno pues porque no
les gusta la pinta del tipo, por ejemplo.
GALÁN: Yo tuve un cliente tan agresivo que no había modo de
relacionarle con la presunción de inocencia. El aspecto y el comportamiento
del acusado es fundamental.
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