Indice de revistas

Revista de la Asociación Libre de Abogados Diciembre 2001

Consejo de Dirección:
Karmele Cabrera, Florentina Carrasco, José Manuel Hernández, Begoña Lalana, Carmen Miier, Juan Manuel Olarieta.
Colaboradores:
Francisco García Cediel, Carlos López Keller, María Gutiérrez.


Depósito legal: M-10621-91

Sumario
Los males crónicos del Turno de Oficio
Por la paz. No a la guerra
Seis años con jurado
Los restos de la Revolución

Campaña por un Turno de Oficio digno
Nueva Reforma Laboral: más de lo mismo
Un despacho más saludable
Jurisprudencia

Cosas que pasan
A.L.A. informa

En la Asociación Libre de Abogados no nos cansamos fácilmente. Y un buen ejemplo de esta actitud es nuestra obstinada y reiterada protesta por el estado en que se encuentran tanto el Turno de Oficio como la Asistencia Jurídica Gratuita.
Huelga ya cualquier descripción de una situación que por escandalosa nos subleva.

Pero la gota que ha colmado el vaso de nuestra paciencia ha sido la última actuación del Ministerio de Justicia en connivencia con nuestro Ilustre Colegio y con el Consejo General de la Abogacía: en periodo electoral se nos prometieron grandes esfuerzos para dignificar el ejercicio de nuestra profesión, e incluso se atrevieron a vaticinar resultados espectaculares.

El resultado, ya lo sabemos, ha sido una vez más un burdo engaño. En esta ocasión un engaño antológico pues el resultado de tan grandes esfuerzos ha sido una subida del 7% con respecto a las retribuciones anteriores, ni siquiera el equivalente al IPC acumulado desde el año 96, fecha de la última subida. Con el agravante de que en las Comunidades Autónomas que tienen transferidas las competencias sobre Justicia, la retribución media es el doble de la que percibimos los colegiados de Madrid.

Si el parámetro para las respectivas asignaciones económicas a cada colegio es el número de beneficiarios de justicia gratuita, así como el número de asistencias a detenidos, es difícil entender la abismal diferencia entre lo que perciben los letrados madrileños con respecto a vascos o catalanes, por poner un ejemplo.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de esto?
La primera es obvia: los derechos fundamentales del ciudadano son de diferentes categorías. Sanidad, educación, defensa, son esenciales y por tanto el estado se ocupa de que médicos, profesores o soldados estén, sino espléndida, sí al menos adecuadamente retribuídos.

Por el contrario, la Justicia es un derecho de segundo orden, por lo que no parece necesario remunerar a los profesionales que la sostienen más que de modo meramente testimonial. Un ahorro de millones a costa de miles de abogados que prestan un servicio público fundamental a cambio de unos honorarios ridículos.
Y que en ocasiones realizan labores que van incluso más allá de lo que estrictamente constituye su profesión, pues hasta la solicitud y tramitación de la asistencia jurídica, labores puramente funcionariales, se nos encomienda. Un chollo, vamos.

La segunda conclusión es no sólo igualmente obvia, sino de todos conocida: al Colegio de Abogados le importa tan poco los derechos del justiciable sin medios como la dignidad e intereses de los letrados a los que dice representar. Insistir en algo tan sabido sería estúpido sino fuera porque nos lleva directamente a la tercera conclusión, tan lamentablemente obvia como las dos primeras.
Si así están las cosas es porque así lo permitimos. Ni un solo ejemplo histórico nos permite presumir que obtendremos nuestras reivindicaciones sin luchar por ellas.

Sólo cuando asumamos que la responsabilidad última nos corresponde a nosotros, sólo cuando nos unamos y pasemos a la acción, conseguiremos una retribuciones dignas, una gestión transparente, un turno de oficio, en definitiva, que responda tanto a nuestros intereses como a las necesidades de la sociedad.
Los abogados franceses lo sabían y actuaron en consecuencia, ALA lo sabe y ha puesto en marcha una campaña para cambiar la situación.
El resto es cosa de todos.