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EL
JUEZ PARADA
Dicho
sea en pocas palabras: una pasada. Pero una pasada de las pasables, de las
simpáticas, que últimamente ya estábamos todos hechos
unos zorros. En efecto, cuando la realidad nos arrolla como una estampida
de vacas locas, reconforta encontrarse con ciertas sentencias que nos devuelven
la fe en el ser humano. Más allá de ello, nos traen aromas
de nostalgia, del calor del hogar, cuando, al caer de la tarde, humedecíamos
columnas de fontanedas en una taza humeante de Colacao, delante de una película
española. Un pasado en blanco y negro.
El caso que nos ocupa es de lo más sencillo. Tuvo lugar entre un
compañero letrado y unos clientes por disputa de unos dineros. El
caso era sencillo, decimos, aunque cobrar, ciertamente, es de lo más
complicado, pero eso ya es otra batalla que nos daría para enzarzarnos
en otros berenjenales. El cliente defendía, como suele suceder, que
el letrado había hecho más bien poco y no se merecía
el minutón que le había hecho llegar de forma que, a no remediarlo
Su Señoría, no estaba dispuesto a pagarle. Detengámonos,
sin más interlocuciones, en la Sentencia, dictada el año pasado
por el Juzgado de Primera Instancia nº 62 de esta capital, que dio
la razón, por una vez en la vida, a nuestro querido compañero.
La tesis en la que se fundó el ilustre ponente de la Sentencia, Juez
sustituto Ilmo. Sr. D. Angel L. Ramos Muñoz, fue la siguiente: valorar
la eficiencia y mérito del trabajo del abogado no puede hacerse únicamente
atendiendo al número de escritos o actuaciones en que éste
se hubiera concretado, sino que debe traerse a colación el resultado
concreto de la actuación letrada. Por este género de razones,
si la labor del abogado había sido exitosa, entonces la minuta estaba
bien merecida, aunque el trabajo no hubiera consistido sino en la presentación
de un par de escritos. El acierto de la estrategia letrada es, según
se deduce de la Sentencia, un plus que acredita el mérito y justicia
en la reclamación de honorarios. Notable sentencia ésta, cuya
copia debería salir reproducida recurrentemente en todos los números
del Otrosí desde hoy hasta el cambio de decanato o, por lo menos,
hasta la eternidad.
Esta es la tesis, pero los argumentos utilizados por el juez no son estos.
He aquí el dato candoroso que convoca esta Sentencia al rincón
de nuestra primera memoria. Porque el ponente, al justificar el derecho
al cobro de nuestro compañero cita como criterio de doctrina al mismísimo
Toni Leblanc. En sus razonamientos jurídicos, la Sentencia remueve
de sus polvorientos asientos a todos los jurisconsultos, desde Ulpiano a
Castán, para colocar en tales estrados al sorprendido actor español,
rancio por abolengo y propia naturaleza. Pero dejémonos llevar por
la literalidad de la resolución comentada, pues su transcripción
resulta de una suculencia insuperable.
"El valor de la tarea especializada está
más en la preparación que exige que en su concreto desarrollo
y en tal sentido, permítase a este Juzgador, para ilustrar esta consideración,
por esta vez no acudir al criterio superior de la jurisprudencia sino a
la enseñanza de una escena de la película "Las chicas
de la Cruz Roja" en la que el actor Tony Leblanc acude..."
¡Un momento! ¿A la enseñanza de "Las chicas de
la Cruz Roja"? ¿Hemos escuchado bien? Aparte de las piernas,
no recordamos que tales chicas enseñasen nada, pero, amigo, siempre
hay quien está atento y aprende. Lo suficiente como para despreciar
en asunto decisivo, el criterio superior de la jurisprudencia y sustituirlo
por otro aun más relevante: "la enseñanza de una escena
de la película".
Resulta conmovedor el detalle, que nos aclara el camino de las entendederas.
Ahora comprendemos muchas cosas. Según el pacto de la justicia, los
jueces tendrán que trabajar por las tardes. Las asociaciones judiciales
contestaron que ellos ya lo hacían. ¿Es eso cierto? ¿Qué
hacen los jueces por las tardes? ¡Pues ven "Cine de barrio"!
¡Van a las fuentes de la razón jurídica! ¡A los
arcanos de la justicia! Y nosotros tan confundidos. ¿Juzgando una
alcoholemia? Veamos "Sor Citroen". ¿La emigración?
"Vente a Alemania, Pepe". ¿Una ejecución hipotecaria?
Pues "El pisito". ¿Acoso sexual? "Las que tienen que
servir". ¿Disputa de honorarios? Ya sabemos: "Las chicas
de la Cruz Roja". Que traigan a Parada y al mono pianista. ¡Falta
su fotografía en el Otrosí, dando la mano a Mingarro! ¡Por
favor, hombre! Que solucionen esto inmediatamente. Pero sigamos con el desarrollo,
repetimos que literal, de la Sentencia, en un argumentativo dialogado, al
modo de los antiguos griegos o los venerables jesuitas.
...Tony Leblanc acude en auxilio de un conductor
cuyo vehículo se ha averiado y tras mirar el motor y realizar una
simple maniobra con la mano le dice: Tony Leblanc.- "Ya lo tiene";
Conductor.- "Muchas gracias, ¿cuánto le debo?";
T.L..- "Son dos mil pesetas" (de los años cincuenta); C.-
"¿Dos mil pesetas por apretar un tornillo?"; T.L.- "No
señor, dos mil pesetas por saber qué tornillo había
que apretar", licencia ésta que considero ilustra el porque
se ha de considerar...
Con el raciocinio exhausto, no nos queda más que advertir que el
juez domina las técnicas del guión cinematográfico,
sin dudar en aplicar las iniciales (T.L. y C.) para revivir la escena. Para
quienes no se han percibido la relación del tornillo con el abogado
(y se pregunten con matiz libidinoso cuál es la "simple maniobra
con la mano" que vale dos mil pesetas), deberemos explicar que el juzgador
ha introducido con toda sutileza una metáfora, en la cual T.L. es
el abogado, C. es el cliente y los tornillos son los escritos y actuaciones.
El abogado ha apretado los tornillos adecuados y por eso se merece el dinero.
Claro que en esta metáfora no se sabe qué papel se reserva
el propio juez, aunque bien podría ser el de cárter o de junta
de la culata.
En ocasiones, se suele imputar a la justicia un regusto por el lenguaje
oscurantista, digno y propio de un sacerdocio exclusivo. Pero esto va camino
de acabar. Sentencias como las que comentamos sirven para acercar la justicia
al pueblo, y abren camino de vía expedita para que los sobrios pasillos
de Plaza de Castilla rezumen con un envolvente olor a entresijos y tortilla
de patata, mientras una togada Lina Morgan se pasea en zapatillas bizqueando
de tontuna. Un panorama desolador, que tenemos cada vez más cerca.
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