Se sabe, según datos recientes, que el 1% de la población mundial sufre esquizofrenia, de ahí la importancia de dar a conocer las necesidades y problemáticas de las personas con enfermedad mental.

Según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), en la actualidad el 25% de los europeos sufre algún tipo de trastorno mental en su vida, y el 75% de éstos no reciben tratamiento.

En todo el mundo hasta el 20% de los niños/as y adolescentes sufre de una enfermedad mental en su vida, y el 75% de estos no reciben el tratamiento que necesitan, situación que se produce en igual medida en toda población afectada por enfermedad mental.

En la revista “Encuentro” editada por FEAFES apareció una noticia sobre un hombre denunciado por su padre por llevar 17 años sin salir de casa y 3 sin lavarse alegando “no es más que un vago que sólo causa problemas”.

La realidad sugiere que el sujeto presenta síntomas de una patología esquizoide reforzado por el hecho de que él mismo reconoce que “oye voces y siente una fuerza que no le deja salir”. Lo que en verdad parece claro es que está enfermo no que sea un vago.

Y la conclusión que puede desprenderse de situaciones como ésta es que si la familia hubiese dispuesto de información adecuada esta persona habría estado recibiendo un tratamiento durante estos 17 años y quizás su vida hubiese sido algo mejor.

La idea principal de este manifiesto es que un diagnóstico precoz ayuda favorablemente en la evolución y desarrollo de una enfermedad mental.

El estigma y los sentimientos de vergüenza que han acompañado históricamente a las enfermedades mentales (especialmente acentuados en el caso de la esquizofrenia) provoca el que la persona afectada no sea diagnosticada en la fase inicial de la enfermedad, y ello porque todavía, en sociedades tan avanzadas como en la nuestra, sea un motivo de vergüenza el reconocer ante la sociedad y a veces, ante uno/a mismo/a que se está recibiendo ayuda psiquiátrica, como si eso hiciera más débil a la persona en comparación con los demás.

Mediante campañas informativas y divulgativas se debe lograr que estas enfermedades sean reconocidas como unas más de tantas, como cualquier otra. Sólo así se logrará una plena integración de la persona con enfermedad mental en la sociedad, teniendo derecho:

A una asistencia sanitaria, si es importante un diagnóstico precoz y el apoyo familiar en ese momento tan crucial, también lo es una adecuada atención sanitaria en el tratamiento de la enfermedad.

Y eso, si se tiene en cuenta que según datos de la OMS (Organización Mundial de la Salud), la situación mundial, tanto en países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo, la situación refleja una virtual carencia de políticas (entre ellas sanitaria), para atender a niños/as, adolescentes y adultos con trastornos emocionales y conductuales.

A una educación eficaz, que permita a la persona desenvolverse mejor en la vida, a convivir con su enfermedad y a aceptarla, así como a recuperar habilidades sociales que ha perdido a causa de la enfermedad.

A un apoyo social, por parte de instituciones, familiares y amigos/as, que dejen de ver a este colectivo como a personas vagas, sin iniciativa y perezosas.
Únicamente se trata de personas que no tienen culpa de lo que les pasa y que mejor o peor, a su manera, luchan por seguir adelante, aunque a veces no pueda parecer así.

A un puesto de trabajo adecuado a la discapacidad de la persona, sin que ello signifique que la única opción posible sea trabajar en puestos reservados para personas con minusvalía así como trabajos protegidos; opción a veces buscada deliberadamente ante el miedo al rechazo, a comunicar la existencia de la enfermedad y a no poder desarrollar con plena normalidad un puesto de trabajo, porque si de algo conocen las enfermedades mentales es de la presencia de altibajos.

Muchas de las empresas normalizadas sólo contratan a personas con enfermedad mental porque la ley obliga a cubrir el 2% de su plantilla con personas que presenten algún tipo de discapacidad. Ello se agrava si se tiene en cuenta que las personas aquejadas de una enfermedad mental están por detrás de los/as discapacitados/as físicos o de las personas que presentan algún tipo de deficiencia intelectual cuando se trata de conseguir un puesto de trabajo.

A una vivienda digna, más del 85% de las personas con enfermedad mental viven con sus familias, situación que obliga a éstos a convertirse en perfectos cuidadores debido a que la Administración todavía no ha dado respuesta a esta problemática, ante la situación de las personas con enfermedad mental que necesitan cuidados y no pueden vivir solos y con autonomía suficiente. Con este tipo de medidas no se tiene en cuenta que al convivir con otros enfermos bajo un tutelaje y supervisión continuos, no se hace sino marginalizar aún más la situación y crear más conciencia de enfermedad.

Y derecho en definitiva, a que los medios de comunicación den una información real y veraz acerca de las personas con enfermedad mental, no creando confusión en la opinión pública, haciendo creer que estas personas, sobre todo aquellas que padecen esquizofrenia, cometen crímenes violentos, cuando es bien sabido que comenten muchísimos menos delitos que el resto de la población.

Únicamente por abandono del tratamiento unido al carácter de la persona en sí, ocurren este tipo de cosas. Se hace evidente por tanto, la falta de recursos en salud mental, la falta de campañas y la dificultad de llegar a un diagnóstico temprano debido a la vergüenza y la desinformación, que provocan que el proceso de rehabilitación no llegue a buen puerto en muchas ocasiones.

 

 

 

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