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	<title>Acció Ciutadana Orientada cap a la Democratització de la Economia Mundial (ACORDEM)</title>
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	<pubDate>Wed, 18 Mar 2009 10:58:32 +0000</pubDate>
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		<title>Diez razones de la crisis internacional</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Mar 2009 07:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[análisis crisis]]></category>

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		<description><![CDATA[Diez razones de la crisis internacional
Mario Rapoport
La actual crisis internacional dejó de ser un simple accidente; se parece más bien a un tren que descarrila en el curso de una loca carrera hacia un destino incierto. El problema es que ese tren tiene innumerables vagones donde está enganchado todo el mundo. Trataremos de resumir ese [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Diez razones de la crisis internacional</strong><br />
<em>Mario Rapoport</em></p>
<p>La actual crisis internacional dejó de ser un simple accidente; se parece más bien a un tren que descarrila en el curso de una loca carrera hacia un destino incierto. El problema es que ese tren tiene innumerables vagones donde está enganchado todo el mundo. Trataremos de resumir ese descarrilamiento en diez puntos, algunos más claros que otros. Si ya no cabe duda de que esta crisis es la más profunda del sistema desde los años ’30, muchos de los análisis que se hacen sobre ella no alcanzan a percibir aún la complejidad del fenómeno.</p>
<p><span id="more-8"></span>UNO</p>
<p>En primer lugar, salvando las distancias tecnológicas, los mecanismos que la desataron, aunque más sofisticados, no son muy novedosos respecto de los que funcionaron en la crisis de 1929, con la que tiene más similitud de lo que se cree. Sí lo es, en cambio, el efecto de esa tecnología en su propagación y difusión, potenciado por el grado de transnacionalización de las firmas. Hasta no hace mucho los sostenedores de la globalización financiera hablaban del rol crucial de la informática y de las comunicaciones en el progreso de la economía mundial: ahora constatan que estas innovaciones se han vuelto en contra. Ayudada por ellas, la velocidad de los acontecimientos, en esta marcha inversa hacia el desastre, parece imparable.</p>
<p>DOS</p>
<p>La segunda cuestión tiene que ver con el largo plazo. Desde los años ’70 el mundo ha vivido de crisis en crisis, con origen en el centro o en la periferia pero que no nos han abandonado nunca. Constituye un mecanismo de olas sucesivas del cual esta última resulta la culminación. Podemos enumerar algunos de los principales momentos críticos desde aquella época: la crisis monetaria en EE.UU. y la ruptura del patrón oro en 1971; el alza de los precios del petróleo en 1973 y 1979; la crisis de la deuda externa latinoamericana en 1982; el crac bursátil de Wall Street en 1987; las crisis de las cajas de ahorro estadounidenses en 1989; el crac japonés en 1990. Luego vienen las crisis periféricas de fin de siglo: la mexicana (1994), la del sudeste asiático (1997), la rusa (1998) y la brasileña (1999). Y a partir del nuevo siglo otro encadenamiento: el derrumbe de las punto.com en el 2000; las crisis en Turquía y en la Argentina (2001); la quiebras de Enron y World Com (2001 y 2002); las repercusiones financieras del atentando a las Torres Gemelas y de la invasión a Irak. Para culminar con la actual crisis de las subprime, que estalla en 2007 y a la cual se suman en 2008 las caídas de Lehman Brothers, las compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac y la aseguradora AIG, más las de unos cuantos bancos europeos y norteamericanos. Interesado en el largo plazo un reciente artículo del New York Times vuelve a mencionar, para horror de los neoclásicos, los ciclos Kondratieff.</p>
<p>TRES</p>
<p>Está en discusión cuál es el huevo o la gallina. ¿Son el predominio del sector financiero sobre el real, las burbujas especulativas y, finalmente, el crac bursátil, las causas principales de la recesión subsiguiente? ¿O debemos dar vuelta los términos de la ecuación? ¿No habrá sido la reducción de la rentabilidad de los sectores productivos, sobre todo en EE.UU. y Europa, lo que llevó a un proceso de especulación financiera para compensar la caída en la economía real?</p>
<p>CUATRO</p>
<p>Los incrementos de la productividad, gracias a las nuevas tecnologías, y el notable ensanchamiento de las desigualdades de ingresos a nivel mundial han producido una indudable crisis de sobreproducción, la que se ha pretendido resolver, en especial en Washington, con el creciente endeudamiento del Estado en los sectores externo y fiscal (en su mayor parte por gastos militares) y el sobreendeudamiento de las familias americanas, financiados con el poder del dólar y los excedentes de China y otros países emergentes.</p>
<p>CINCO</p>
<p>La paradoja de este financiamiento es que se parece mucho al que originó la deuda externa de América latina. En aquel momento el reciclaje de petrodólares y eurodólares contribuyó a las “bicicletas” financieras, al endeudamiento de Estados y empresas y a la fuga de capitales, sin aportar mayormente inversiones productivas. Ahora, el financiamiento a los EE.UU. y otros países desarrollados por parte de las economías emergentes creó burbujas inmobiliarias, valorización de productos “tóxicos” y una crisis financiera formidable. Ese financiamiento no tuvo tampoco destinos útiles o productivos.</p>
<p>SEIS</p>
<p>La desregulación financiera y la ausencia de un prestamista de última instancia a nivel internacional fueron consideradas como una de las causas principales de la crisis de 1929. Bretton Woods permitió crear un esquema monetario y financiero internacional para regular el sistema, quedando muy en claro que los movimientos de capitales debían controlarse por su carácter desestabilizador. No obstante, a partir de los años ’60, esos mismos organismos se dedicaron a predicar la desregulación financiera, la libertad absoluta de los movimientos de capital y una mínima intervención de los Estados. Jugaron contra los propósitos y fines que habían llevado a su misma creación. Con esta crisis parece que se descree nuevamente de los mercados autorregulados y se vuelve a soluciones como las de los ’30: la intervención de los Estados y el proteccionismo.</p>
<p>SIETE</p>
<p>El temor del fantasma inflacionario comienza a borrarse a favor de una nueva realidad; la deflación y la desocupación como elementos significativos de la crisis. Esto implica retomar los principios del pensamiento keynesiano. La gente piensa que es mejor ahorrar que consumir o invertir (o no tiene poder adquisitivo para ninguna de las dos cosas) y esto deriva en un estancamiento productivo que se alimenta a sí mismo.</p>
<p>OCHO</p>
<p>La crisis alimentaria, el aumento del precio de los commodities, (aunque ahora hayan descendido) y el deterioro del medio ambiente constituyen elementos que confluyen con la crisis financiera y la agravan.</p>
<p>NUEVE</p>
<p>Una de las debilidades mayores del actual sistema monetario es la existencia de una divisa clave como el dólar, cuya emisión y fluctuaciones sólo atienden los intereses de los Estados Unidos y el juego competitivo con las monedas de otras potencias, como el euro, el yen y el yuan. Si en los años ’70 el abandono del patrón cambio oro le dio a EE.UU. un alivio y le permitió endeudarse con su propia emisión de dinero y bonos del Tesoro, actualmente la situación no es la misma. Entonces la economía norteamericana podía respaldar sus déficit financieros porque el mercado interior aún era sólido y su inversión externa y comercio exterior ocupaban una plaza importante en el mundo. Pero esa inversión se derrumbó y el déficit comercial alcanzó magnitudes nunca vistas, mientras que el mercado interno ya no tiene la pujanza de antaño ni desde la oferta, donde existen grandes industrias que requieren cambios de fondo, ni desde la demanda, con una población cuyos ingresos se achicaron al tiempo que su endeudamiento crecía.</p>
<p>DIEZ</p>
<p>El fracaso del sistema financiero y bancario internacional, la ausencia de límites operatorios para la banca de inversión, los paraísos fiscales, el lavado de dinero, son razones determinantes de la crisis. Antes de salvar indiscriminadamente a los bancos quebrados, habría que reestructurar la arquitectura financiera internacional, ayudar a las verdaderas víctimas –ahorristas, desocupados, propietarios de inmuebles, pequeñas y medianas empresas–, y sostener políticas productivas y creadoras de empleo. El mundo globalizado se transformó en un gran corralito del que va a ser imposible escapar con las recetas perimidas del pasado reciente.</p>
<p>*Mario Rapoport es uno de los historiadores económicos más respetados del país. Integra el Instituto para el Modelo Argentino. Su libro Historia económica, política y social de la Argentina es un texto de referencia en las universidades en las que se estudia economía. Fue uno de los ideólogos del Grupo Fénix, que allá por 2002, en un atestado Salón de Actos de la Facultad de Economía de la UBA, presentó un plan económico para salir de la crisis con equilibrio social.</p>
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		<title>DEBATE SOBRE EL CAPITALISMO: ¿Cerrarán los paraísos fiscales?</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Mar 2009 07:00:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<category><![CDATA[Hernandez Vigueras]]></category>

		<category><![CDATA[Paraisos Fiscales]]></category>

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		<description><![CDATA[DEBATE SOBRE EL CAPITALISMO: ¿Cerrarán los paraísos fiscales?
Juan Hernandez Vigueras
La pasada reunión en Berlín de  siete países europeos, incluida España, para preparar la próxima cumbre del G-20  en Londres apunta, lo mismo que los anteriores acuerdos de Washington, hacia la  transparencia financiera; pero la cruda realidad es que no plantean  explícitamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>DEBATE SOBRE EL CAPITALISMO: ¿Cerrarán los paraísos fiscales?</strong><br />
<em>Juan Hernandez Vigueras</em></p>
<p>La pasada reunión en Berlín de  siete países europeos, incluida España, para preparar la próxima cumbre del G-20  en Londres apunta, lo mismo que los anteriores acuerdos de Washington, hacia la  transparencia financiera; pero la cruda realidad es que no plantean  explícitamente la supresión de los centros offshore o paraísos fiscales, cuya  desaparición antes de 2006 preveía la OCDE en su fracasado proyecto. Porque, más  allá de la nula o baja fiscalidad, constituyen un sector de los mercados  financieros globales, con la ventaja competitiva de la opacidad, y forman parte  de la banca en la sombra que los gobiernos han respetado al concederles ayudas y  avales a los bancos en dificultades.</p>
<p><span id="more-3"></span>Y es que la supresión de los  paraísos fiscales requerirá tocar la libertad de los movimientos de capitales y  otros aspectos del actual orden internacional. Eso se vio claramente en febrero  de 2008 en el debate de la Cámara de los Comunes británica sobre si la  nacionalización del Northern Rock Bank abarcaba o no también a la entidad  Granite, domiciliada en la isla de Jersey y ligada al banco, pero propiedad de  un fideicomiso benéfico registrado en otro paraíso fiscal. Esta empresa se había  empleado para la emisión de bonos respaldados por el banco hasta que estalló la  crisis en el verano de 2007 y quebró el negocio porque ya no podía refinanciar  los préstamos.</p>
<p>El neoliberalismo aún dominante niega el papel de los  mecanismos offshore en la crisis financiera, que ya se reveló en verano de 2007  con la quiebra de los dos fondos de alto riesgo o hedge funds del entonces  quinto banco de inversiones, Bear Stearns. Dichos fondos estaban registrados en  las Islas Caimán como simples letterbox companies (buzones de correos), a los  cuales se les concedían préstamos apalancados, es decir, con un endeudamiento  superior a su capital, para que especularan con valores respaldados por  hipotecas subprimes. Operativas similares fueron utilizadas por los Landenbanken  –los bancos regionales alemanes rescatados luego con dinero público–, por el  franco belga Dexia, el conglomerado asegurador AIG de EEUU y los hedge funds de  Madoff (véase www.laeuropaopacadelasfinanzas.com).</p>
<p>Los llamados paraísos  fiscales son parte del denominado shadow banking system (sistema bancario en la  sombra), como se denomina a un sector subalterno de la gran banca surgido para  atraer a los grandes inversores con los fondos de alto riesgo y los instrumentos  estructurados (ABS, SIV, etc.). La llamada “ingeniería financiera” desarrolló la  titulización o conversión de créditos/deudas en activos financieros  comercializables en los mercados mundiales, gracias a la libertad de los  movimientos internacionales de capitales con escasa supervisión. Como en  noviembre de 2007 denunciaba el fundador de la firma financiera estadounidense  Pimco, Bill Gross, ese sistema bancario desregulado y oculto era “libre para  crear mágica y místicamente préstamos hipotecarios subprime y luego empaquetar  en una caterva de conductos (conduits) de tres letras que únicamente podían  explicar los magos de Wall Street”.</p>
<p>En la larga etapa de crecimiento  económico y finanzas globalizadas, esta operativa paralela permitía, en primer  lugar, desvincular del banco matriz la propiedad de los activos financieros  negociados mediante vehículos en los paraísos fiscales offshore. Así se  gestionaba toda clase de operaciones opacas fuera de la contabilidad oficial de  la banca con el fin de sortear la supervisión de los bancos centrales, con el  catastrófico resultado final.</p>
<p>En segundo lugar, se diseminan los riesgos  en las operaciones de compraventa de activos financieros encadenando  transacciones que pasan por diversos centros offshore; facilitadas por el  espacio financiero europeo sin fronteras para los fondos y sin supervisor  comunitario. De modo que los impagos de deudas hipotecarias en Michigan,  convertidas en títulos adquiridos por otros bancos, se convirtieron en pérdidas  para ahorradores españoles.</p>
<p>En tercer lugar, para las grandes operaciones  se practica, desde entidades en paraísos fiscales offshore, el denominado  arbitraje regulatorio o legislativo, que designa la posibilidad de optar o de  combinar diferencias entre las diversas legislaciones nacionales o  jurisdiccionales, tanto en fiscalidad como en la regulación y el grado de  control y supervisión financiera.</p>
<p>La banca en la sombra, responsable de  la especulación y de las burbujas financieras e inmobiliarias en los años  anteriores a la crisis, según los analistas críticos, habría producido la mitad  del nuevo crédito generado en los EEUU; y la financiación de esos instrumentos  innovadores ligados a centros offshore, que obtenían efectivo barato a corto  plazo, alcanzaba el pico de los 1,2 billones de dólares en el verano de 2007,  mientras que en años anteriores había oscilado entre los 600 y los 700.000  millones (Financial Times, 16-12-2007).</p>
<p>Obviamente, la crisis financiera  produjo el progresivo desmantelamiento parcial de esa operativa bancaria  offshore, reflejado en la contabilidad de los bancos matrices con pérdidas  millonarias y reduciendo al mismo tiempo su volumen. Pero sin llegar a la  desaparición de sus instrumentos bancarios opacos, porque ni las  nacionalizaciones sui géneris ni las ayudas ni avales de los gobiernos de la  Unión Europea han exigido a la banca la supresión de filiales y sociedades  instrumentales en paraísos fiscales –como solicitó Attac-España al Gobierno en  2005– y que el G-20 tendrá que abordar en serio para superar la crisis del  sistema.</p>
<p>Juan Hdez. Vigueras es Autor de ‘La Europa opaca de las finanzas  y sus paraísos fiscales ‘offshore’.</p>
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		<title>Crisis económica, cohesión social y proyecto europeo</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Mar 2009 07:00:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<category><![CDATA[análisis crisis]]></category>

		<category><![CDATA[Chaves]]></category>

		<category><![CDATA[Luengo]]></category>

		<category><![CDATA[Unión Europea]]></category>

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		<description><![CDATA[Crisis económica, cohesión social y proyecto europeo
Pedro Chaves y Fernando Luengo
El actual proceso de degradación social representa una verdadera terapia de choque para la población trabajadora europea, con el agravante de que la crisis, en todos los escenarios diseñados por las agencias especializadas, se agravará en los próximos meses, ante la inoperancia de las políticas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Crisis económica, cohesión social y proyecto europeo</strong><br />
<em>Pedro Chaves y Fernando Luengo</em></p>
<p>El actual proceso de degradación social representa una verdadera terapia de choque para la población trabajadora europea, con el agravante de que la crisis, en todos los escenarios diseñados por las agencias especializadas, se agravará en los próximos meses, ante la inoperancia de las políticas económicas aplicadas hasta el momento. Sin embargo, no todo se explica - ni por supuesto se ha desencadenado- por la crisis que está sacudiendo nuestras economías. Antes bien, las piezas básicas de una parcial pero significativa regresión en el modelo social ya eran claramente visibles en la Unión Europea (UE) de las últimas décadas; mucho antes, en consecuencia, de la eclosión de la actual crisis.</p>
<p><span id="more-13"></span>Veamos algunos ejemplos significativos al respecto. Desde la década de los 80 los salarios reales de la población han progresado a un ritmo moderado. La tónica general de los últimos años ha consistido en aumentos inferiores al 1%; lo que significa que, como todos los indicadores promedio ignoran las posiciones extremas, una parte de los trabajadores ha perdido capacidad adquisitiva. El vínculo salarios-productividad del trabajo que caracterizó las décadas doradas del capitalismo europeo en virtud del cual el crecimiento de ambas variables estaba relacionado, forma parte de la historia. Los salarios han tendido a “descolgarse” de la productividad; deconexión que, por cierto, ha sido un factor esencial en el crecimiento de los beneficios de las empresas, convirtiéndose de este modo en uno de los motores que ha alimentado de recursos al sector financiero.</p>
<p>El relativamente alto desempleo y sobre todo, el trabajo precario forman parte asimismo del paisaje europeo. Las diferentes modalidades de contratación “atípica” - contratos temporales, trabajo a tiempo parcial, contratos por obra y servicio- parece que han llegado para quedarse, al margen de cuál sea el ciclo económico; al margen, incluso, del signo político del gobierno de turno. La Confederación Europea de Sindicatos estima que en 2007 más de 100 millones de trabajadores tenían empleos de esta naturaleza. Esta situación no sólo se ha generalizado en el sector privado sino que también preside cada vez más las pautas de contratación de las administraciones públicas. Todo ello matiza la trillada afirmación de que la creación de empleo es el camino a través del que los trabajadores comparten los frutos del crecimiento. ¿Nada que decir sobre la calidad y la estabilidad de los puestos de trabajo? Y tan importante como ésto es la pérdida del trabajo como referencia para la construcción de ciudadanía. El vínculo que Europa alimentó entre trabajo-inserción social y condición ciudadana se ha quebrado hace ya algunos años, contribuyendo poderosamente al deterioro de nuestros sistemas democráticos y al incremento de la desconfianza respecto a la política.</p>
<p>El discreto balance en materia ocupacional, la continúa presión que las empresas y los gobiernos realizan sobre las rentas salariales, la débil posición negociadora de las organizaciones sindicales y la aceptación por parte de algunas izquierdas de lo esencial de los postulados neoliberales han contribuido a que la parte de los salarios en la renta nacional haya retrocedido desde la década de los setenta en la mayor parte de los países integrados en la UE, incluidos aquellos que mejor simbolizaban el modelo de cohesión social que, al menos en teoría, impregnaba el proyecto europeo. Si se tiene en cuenta que en el cómputo de los ingresos salariales se incluyen las remuneraciones de los directivos y de otros colectivos que disfrutan de posiciones privilegiadas, queda aún más claro el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores de menor cualificación.</p>
<p>Aunque todavía lejos de los valores alcanzados por Estados Unidos –el país desarrollado con una fractura social más profunda-, los últimos años han conocido un incremento espectacular de la desigualdad medida en términos de distribución de la renta, abanicos salariales y concentración de la riqueza. Un dato aportado por el último informe de la Organización Internacional del Trabajo “World of Work”: si se comparan las retribuciones obtenidas por los directivos de mayor nivel de las grandes empresas –salarios pactados más stock options y diferentes bonus- y los salarios medios; aquéllos percibían más de 100 veces el ingreso de éstos. Ni rastro en este tipo de ingresos –que no han dejado de aumentar de manera vertiginosa en los últimos años- de las políticas de moderación salarial tan queridas por los gobiernos para el resto de los trabajadores.</p>
<p>El número de personas privadas de los recursos necesarios para llevar una vida digna ha experimentado un inquietante crecimiento. En 2005 Eurostat contabilizaba 78 millones de personas en situación de pobreza, lo que representa el 16% de su población. Si bien es cierto que los desempleados y ciertas minorías son los colectivos más vulnerables, ha emergido con fuerza la categoría de “trabajadores pobres”. Esto es, personas que aún teniendo un empleo se encuentran cerca o por debajo del umbral de la pobreza, lo cual de nuevo invita a reflexionar sobre la mala calidad de una parte sustancial de las nuevas ocupaciones.</p>
<p>Son muy diversos los factores en liza que podrían dar cuenta de esta deriva social. No es el menos relevante de ellos la financiarización de las economías europeas. En primer término, desviando cantidades ingentes de recursos desde la economía productiva y social hacia “el casino”, donde, si los actores implicados estaban dispuestos a asumir el riesgo exigido por los mercados, se podían obtener beneficios extraordinarios. Ello no sólo ha significado desviar cantidades ingentes de recursos hacia el segmento financiero de la economía; en paralelo, como quiera que una parte del ahorro de la población se ha canalizado en esa dirección a través de las instituciones que lo gestionan, quedaba expuesto, además, a los vaivenes propios de mercados con un perfil marcadamente especulativo.</p>
<p>En segundo lugar, premiando (estimulando) a los ejecutivos y a los accionistas, no sólo de los establecimientos estrictamente financieros, de modo que sus decisiones se encaminen a aumentar el valor de la empresa en términos accionariales. Conseguir un alto valor en bolsa de la firma se ha convertido en el objetivo central de los gestores, en cuyo caso los accionistas y los directivos recibían cuantiosas remuneraciones, en forma de dividendos y stock options, entre otras.</p>
<p>En tercer lugar, abriendo nuevos espacios a la intervención de los mercados. Si antes el principio de cohesión social exigía el inexcusable compromiso de lo público, ahora, cada vez más, prevalece el criterio de que los equilibrios sociales los debe proporcionar el mercado, crecientemente sometido a la lógica financiera. Naturalmente, dado que “el campo de juego” en el que se desenvuelven las personas y los colectivos, lejos de ser plano, está muy desnivelado, los costes y las oportunidades que ofrece ese mercado se distribuyen de manera muy desigual.</p>
<p>En cuarto lugar, hemos conocido la expansión de un segmento del mercado considerablemente opaco, que permanece fuera del control de los estados nacionales y, por supuesto, de las autoridades comunitarias. En esos mercados operan lobbies con recursos y poder suficientes para condicionar e hipotecar las políticas económicas nacionales. Las “manos visibles” del mercado, los ganadores del casino, apuestan por un capitalismo con instituciones débiles, que contribuyan a consolidar el “campo de juego” que más conviene a sus negocios. Nada más alejado de los postulados de cohesión social y de control democrático que en teoría encarna el proyecto europeo.</p>
<p>Así pues, la “anomalía” financiera no constituye un fenómeno ajeno, externo, al proyecto comunitario, importado de Estados Unidos, sino que está presente en la dinámica europea. Por esa razón, el análisis de las perturbaciones financieras entra en el corazón del debate, mucho más amplio, de la Europa que queremos y de las estrategias de desarrollo sostenibles que deben alimentar este proyecto. Dicho debate por supuesto no se cierra –mejor dicho, se cierra, equivocada o interesadamente, en falso- con el “hallazgo” de que la intervención del Estado es tan urgente como necesaria. En otras palabras, ni el proyecto europeo, ni su vertiente social, quedan legitimados ni tampoco reforzados por el hecho de asistir a una masiva intervención de los Estados nacionales destinada a evitar el colapso económico. Más bien al contrario, la mínima coordinación de los planes de rescate, la privilegiada posición de buena parte de los grupos receptores de los recursos públicos, el escaso control que se ejerce sobre su utilización y su coste social arrojan serias dudas sobre la verdadera naturaleza de la revitalizada presencia de los Estados nacionales. En este contexto, no es suficiente con apelar, antes y ahora, a Más Europa, apelación que tiene todo su significado si se entra a la cuestión verdaderamente esencial: Qué Europa. La respuesta a este sencillo y atrevido interrogante nos apremia hoy aún más que ayer.</p>
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		<title>El gran fracaso de los bancos centrales independientes</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Mar 2009 07:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<category><![CDATA[Bancos centrales]]></category>

		<category><![CDATA[Garzón]]></category>

		<category><![CDATA[Juan Torres]]></category>

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		<description><![CDATA[El gran fracaso de los bancos centrales independientes
Juan Torres López y Alberto Garzón
La crisis que estamos viviendo ha puesto sobre el tapete muchos fracasos que ya nadie puede disimular: el de la idea de que los mercados se pueden autorregular con éxito, el de los principios que han inspirado la gestión financiera y, sobre todo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El gran fracaso de los bancos centrales independientes</strong><br />
<em>Juan Torres López y Alberto Garzón</em></p>
<p>La crisis que estamos viviendo ha puesto sobre el tapete muchos fracasos que ya nadie puede disimular: el de la idea de que los mercados se pueden autorregular con éxito, el de los principios que han inspirado la gestión financiera y, sobre todo, el de quienes han hecho creer a todo el mundo que lo que conviene a los financieros y especuladores es bueno para todos, por no citar sino solo tres de ellos.</p>
<p>Pero hay un fracaso que a nosotros nos parece especialmente importante y sobre el que se está tratando de pasar de puntillas: el de los bancos centrales independientes.</p>
<p><span id="more-15"></span>En los últimos decenios han tenido sobre el papel una capacidad inmensa para decidir, vigilar, autorizar o poner en marcha la política monetaria. Prácticamente no ha habido un aspecto de las finanzas nacionales y por extensión internacionales sobre el que no hayan podido actuar más o menos directamente. Y todo ello sin interferencias, con plena independencia, de modo que ahora no pueden achacar sino a sus propias limitaciones los desastres que han contribuido a provocar.</p>
<p>Con el tiempo se podrá analizar con más detalle el papel que han tenido pero de momento es fácil apreciar que al impulsar los cambios tan negativos que se han venido dando en los últimos años y al dejar hacer a los grandes poderes financieros han actuado como catalizadores de la crisis.</p>
<p>En primer lugar, han sido uno de los principales instrumentos para aplicar las políticas deflacionistas de los últimos decenios. Unas políticas orientadas a crear escasez y a provocar desempleo para vencer las resistencias obreras y que han provocado una disminución de la capacidad potencial de crecimiento de las economías. Gracias a ellas se ha podido recuperar la tasa de beneficio pero al debilitar los salarios, y con ellos la demanda, lo han conseguido a costa de una pérdida global de rendimientos que ha sido uno de los factores que ha impulsado la continua desviación de capitales hacia el ámbito especulativo, en donde se podía  alcanzar beneficios más elevados y rápidos. Un fenómeno que está en el origen de los problemas que ahora paralizan a la economía mundial.</p>
<p>En segundo lugar, han aplicado políticas monetarias al servicio de los intereses de los grandes financieros y para apoyar un modelo productivo basado en la generación de burbujas que, como se ha podido comprobar en farias ocasiones y ahora de forma particularmente clara, es materialmente insostenible.</p>
<p>En tercer lugar, los bancos centrales han dejado hacer a los capitales especulativos, han favorecido la creación y el funcionamiento de los mecanismos legales y materiales necesarios para que sus actividades se hayan extendido por todo el planeta y, en aras del salvar el principio de libertad de mercado, no han puesto prácticamente límite alguno a la barbarie especulativa de los últimos decenios.</p>
<p>La Reserva Federal miró a otro lado durante años, cuando se gestaba la bola de nieve de las hipotecas basura, cuando el apalancamiento y la ingeniería financiera generaban un riesgo sistémico a todas luces insoportable a medio plazo y cuando los bancos y las grandes empresas desviaban sin pudor sus cuentas y beneficios a los paraísos fiscales. No les preocupó la opacidad, ni la creación artificial de dinero fácil, ni la falta efectiva de supervisión&#8230;</p>
<p>Como ahora se ha podido saber, hicieron oídos sordos a los avisos de estafas, al riesgo ingente acumulado por docenas de entidades financieras en operaciones que los bancos centrales conocían sin lugar a ninguna duda, y manipularon los tipos de interés para ir favoreciendo ese tipo de ganancias&#8230;</p>
<p>En cuarto lugar, los bancos centrales han contemplado en silencio, cuando no han ido dando su consentimiento explícito, a la desnaturalización progresiva del negocio bancario que ha terminado por dejar exhausta a la economía real. En lugar de obligar a que la financiación se dirigiese preferentemente a la actividad productiva, dejaron hacer a los bancos y no hicieron nada para desincentivar la especulación y la transferencia de recursos multimillonarios desde el ahorro privado a la especulación financiera.</p>
<p>Y siempre, los bancos centrales han actuado como los más privilegiados difusores de la ideología que justificaba todo ello, alabando siempre al mercado a quien reconocían propiedades de autoajuste que nunca se pudieron comprobar en la realidad, sino todo lo contrario, y promoviendo siempre las reformas más favorables al gran capital para debilitar el poder negociador de los trabajadores.</p>
<p>A pesar de gozar de más medios que ninguna otra institución económica, a pesar de autopresentarse como el summun de la ciencia económica, lo cierto es que no anticiparon nada, que cuando estalló la crisis no acertaron a adoptar medidas eficaces, que se vieron superados por los hechos y que, finalmente, tuvieron que dejar en manos de los gobiernos la capacidad para enfrentarse a los problemas que con su enorme torpeza habían contribuido tan decisivamente a generar.</p>
<p>Ni siquiera puede decirse que hayan sido capaces de lograr éxitos en la lucha por la estabilidad de los precios. Hasta hace nada, seguían amenazando con la inflación. Ahora, nos hacen temer a todos por la deflación, lo que constituye una indiscutible muestra de que la estabilidad perseguida está lejos de haberse alcanzado. Y cuando se ha conseguido ha sido, como señalamos al principio, a costa de reducir muy peligrosamente la capacidad de crecimiento potencial de las economías.</p>
<p>¿Para qué, entonces, ha servido darle independencia a estas instituciones sino para que sus competencias quedaran fuera del alcance de las instituciones representativas, para que decisiones que antes podían ser tomadas en función de preferencias representativas ahora estén en manos de políticos que no lo son, en el mejor de los casos, o de los poderes financieros privados, en el peor?</p>
<p>Los bancos centrales independientes solo han sido útiles para que los grandes financieros y los banqueros sin escrúpulos hayan hecho su agosto en estos últimos años. El desarrollo de la crisis muestra su impotencia y su efectiva incapacidad para dar respuestas, primero, de previsión y luego de solución. Pero mientras existan como tales, secuestrando a los gobiernos representativos la posibilidad de adoptar políticas que respondan a las preferencias ciudadanas, no solo seguirán siendo un límite material para que se viva en democracia sino que impedirán que las respuestas a las crisis sean eficaces.</p>
<p>Es preciso revisar su estatuto, democratizar la política monetaria y ponerla en manos de organismos que, como cualquier otro ámbito del estado, estén siempre al servicio de los intereses sociales y no de los oligárquicos que una vez más han provocado el desastre financiero y económico.</p>
<p><em>Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa son editores del periódico digital de información y análisis económico alternativohttp://www.altereconomia.org/</em></p>
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		<title>ATTAC llama a la movilización el próximo 28 de marzo</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Mar 2009 07:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<category><![CDATA[ATTAC]]></category>

		<category><![CDATA[G-20]]></category>

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		<description><![CDATA[ATTAC llama a la movilización el próximo 28 de marzo
ATTAC impulsa la movilización de las ciudadanas y los ciudadanos el próximo 28 de marzo para que llenen las calles de todas las ciudades, junto a los movimientos sociales, organizaciones sindicales y partidos políticos que en todo el planeta han convocado un día de rechazo a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>ATTAC llama a la movilización el próximo 28 de marzo</strong></p>
<p>ATTAC impulsa la movilización de las ciudadanas y los ciudadanos el próximo 28 de marzo para que llenen las calles de todas las ciudades, junto a los movimientos sociales, organizaciones sindicales y partidos políticos que en todo el planeta han convocado un día de rechazo a la reunión del G-20 de Londres prevista para el 2 de abril de 2009.</p>
<p><span id="more-24"></span>¿Estamos en presencia de una crisis financiera del capitalismo como las sufridas a lo largo del siglo XX, o se trata, en cambio, de una crisis sistémica del capitalismo financiero?. Para Attac se trata de una crisis sistémica global nacida de las entrañas corporativas del capitalismo.</p>
<p>La acumulación capitalista actual es un proceso violento, corrupto y vertiginoso asentado sobre la dictadura de unos mercados financieros afanados en controlarlo todo y no ser controlados, y gestionado hasta hoy por unas elites económicas, políticas e ideológicas que encarnan la irresponsabilidad de un orden injusto, depredador y suicida.</p>
<p>Muchos, la inmensa mayoría, somos víctimas aunque se nos quiera hacer pasar por cómplices. Y exigimos ser oídos y poder participar democráticamente de los procesos que nos saquen del caos y eviten que la locura crediticia y consumista se repita.</p>
<p>Hay que identificar y exigir responsabilidades a los gestores de este modelo individualista e insolidario e impedir que continúen dando las órdenes amparados en el anonimato y en una supuesta cualificación técnica que confunde intencionadamente libertad con impunidad.</p>
<p>Es imprescindible rediseñar todas las operaciones e instituciones financieras prohibiendo aquellas que nos pongan en situación de indefensión colectiva y socializando la gestión sin mecanismos tramposos de retorno en el futuro a la situación actual.</p>
<p>Debemos defender con todas nuestras fuerzas la creación de un espacio social no financiero de bienes y servicios públicos que satisfagan con criterios de igualdad y eficacia todas las necesidades humanas que dan cohesión a las sociedades.</p>
<p>Es hora de salir a la calle para exigir :</p>
<ul>
<li>Justicia Fiscal Global: impuestos globales contra la pobreza y progresividad fiscal en cada país.</li>
<li>Un impuesto extraordinario a las transacciones financieras y a las ganancias de capital.</li>
<li>El cierre inmediato de los paraísos fiscales, empezando por los de la UE.</li>
<li>La socialización de la banca y control democrático del Banco Central Europeo.</li>
<li>La prohibición de los mercados de derivados financieros.</li>
<li>La reversión de políticas generalizadas de incentivos fiscales.</li>
<li>Sostenibilidad ambiental en todos los campos de la actividad económica.</li>
<li>La cancelación de la deuda de los países pobres con gobiernos y empresas europeas.</li>
<li>El rechazo de la liberalización del Comercio Internacional</li>
<li>Renta Básica de Ciudadanía y unos Servicios Públicos europeos 100&#215;100 públicos</li>
</ul>
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		<title>El postneoliberalismo y sus bifurcaciones</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Mar 2009 07:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<category><![CDATA[análisis crisis]]></category>

		<category><![CDATA[Ceceña]]></category>

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		<description><![CDATA[El postneoliberalismo y sus bifurcaciones
Ana Esther Ceceña
El neoliberalismo tocó fin definitivamente con la crisis estallada en 2008. No hay vuelta atrás. El mercado, por sí mismo, es autodestructivo. Necesita soportes y contenedores. La sociedad capitalista, arbitrada por el mercado, o bien se depreda, o bien se distiende. No tiene perspectivas de largo plazo.
Después de 30 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El postneoliberalismo y sus bifurcaciones</strong><br />
<em>Ana Esther Ceceña</em></p>
<p>El neoliberalismo tocó fin definitivamente con la crisis estallada en 2008. No hay vuelta atrás. El mercado, por sí mismo, es autodestructivo. Necesita soportes y contenedores. La sociedad capitalista, arbitrada por el mercado, o bien se depreda, o bien se distiende. No tiene perspectivas de largo plazo.</p>
<p>Después de 30 años de neoliberalismo ocurrieron las dos cosas. La voracidad del mercado llevó a límites extremos la apropiación de la naturaleza y la desposesión de los seres humanos. Los territorios fueron desertificados y las poblaciones expulsadas. Los pueblos se levantaron y la catástrofe ecológica, con un altísimo grado de irreversibilidad, comenzó a manifestarse de manera violenta.</p>
<p><span id="more-19"></span>Los pueblos se rebelaron contra el avance del capitalismo bloqueando los caminos que lo llevaban a una mayor apropiación. Levantamientos armados cerraron el paso a las selvas; levantamientos civiles impiden la edificación de represas, la minería intensiva, la construcción de carreteras de uso pesado, la privatización de petróleo y gas y la monopolización del agua. El mercado, solo, no podía vencer a quienes ya estaban fuera de su alcance porque habían sido expulsados y desde ahí, desde el no-mercado, luchaban por la vida humana y natural, por los elementos esenciales, por otra relación con la naturaleza, por detener el saqueo.</p>
<p>El fin del neoliberalismo inicia cuando la medida de la desposesión toca la furia de los pueblos y los obliga a irrumpir en la escena.<br />
<strong><br />
Los cambios de fase</strong></p>
<p>La sociedad capitalista contemporánea ha alcanzado un grado de complejidad que la vuelve altamente inestable. De la misma manera que ocurre con los sistemas biológicos (Prigogine, 2006), los sistemas sociales complejos tienen una capacidad infinita y en gran medida impredecible de reacción frente a los estímulos o cambios. El abigarramiento con el que se edificó esta sociedad, producto de la subsunción pero no eliminación de sociedades diferentes, con otras cosmovisiones, costumbres e historias, multiplica los comportamientos sociales y las percepciones y prácticas políticas a lo largo y ancho del mundo y abre con ello un espectro inmenso de sentidos de realidad y posibilidades de organización social.</p>
<p>La potencia cohesionadora del capitalismo ha permitido establecer diferentes momentos de lo que los físicos llaman equilibrio, en los que, a pesar de las profundas contradicciones de este sistema y del enorme abigarramiento que conlleva, disminuyen las tendencias disipadoras. No obstante, su duración es limitada. En el paso del equilibrio a la disipación aparecen constantemente las oportunidades de bifurcación que obligan al capitalismo a encontrar los elementos cohesionadores oportunos para construir un nuevo equilibrio o, en otras palabras, para restablecer las condiciones de valorización del capital. Pero siempre está presente el riesgo de ruptura, que apunta hacia posibles dislocamientos epistemológicos y sistémicos.</p>
<p>Los equilibrios internos del sistema, entendidos como patrones de acumulación en una terminología más económica, son modalidades de articulación social sustentadas en torno a un eje dinamizador u ordenador.</p>
<p>Un eje de racionalidad complejo que, de acuerdo con las circunstancias, adopta diferentes figuras: en la fase fordista era claramente la cadena de montaje para la producción en gran escala y el estado en su carácter de organizador social; en el neoliberalismo el mercado; y en el posneoliberalismo es simultáneamente el estado como disciplinador del territorio global, es decir, bajo el comando de su vertiente militar, y las empresas como medio de expresión directa del sistema de poder, subvirtiendo los límites del derecho liberal construido en etapas anteriores del capitalismo.</p>
<p><strong>Los posneoliberalismos y las bifurcaciones</strong></p>
<p>La incertidumbre acerca del futuro lleva a caracterizarlo más como negación de una etapa que está siendo rebasada. Si la modalidad capitalista que emana de la crisis de los años setenta, que significó una profunda transformación del modo de producir y de organizar la producción y el mercado, fue denominada por muchos estudiosos como posfordista; hoy ocurre lo mismo con el tránsito del neoliberalismo a algo diferente, que si bien ya se perfila, todavía deja un amplio margen a la imprevisión.</p>
<p>Posfordismo se enuncia desde la perspectiva de los cambios en el proceso de trabajo y en la modalidad de actuación social del estado; neoliberalismo desde la perspectiva del mercado y del relativo abandono de la función socializadora del estado. En cualquiera de los dos casos no tiene nombre propio, o es un pos, y en ese sentido un campo completamente indefinido, o es un neo, que delimita aunque sin mucha creatividad, que hoy están dando paso a otro pos, mucho más sofisticado, que reúne las dos cualidades: posneoliberalismo. Se trata de una categoría con poca vida propia en el sentido heurístico, aunque a la vez polisémica. Su virtud, quizá, es dejar abiertas todas las posibilidades de alternativa al neoliberalismo -desde el neofascismo hasta la bifurcación civilizatoria-, pero son inciertas e insuficientes su fuerza y cualidades explicativas.</p>
<p>En estas circunstancias, para avanzar en la precisión o modificación del concepto es indispensable detenerse en una caracterización de escenarios, entendiendo que el espectro de posibilidades incluye alternativas de reforzamiento del capitalismo -aunque sea un capitalismo con más dificultades de legitimidad-; de construcción de vías de salida del capitalismo a partir de las propias instituciones capitalistas; y de modos colectivos de concebir y llevar a la práctica organizaciones sociales nocapitalistas.</p>
<p>Trabajar todos los niveles de abstracción y de realidad en los que este término ocupa el espacio de una alternativa carente de apelativo propio, o el de alternativas diversas en situación de coexistencia sin hegemonismos, lo que impide que alguna otorgue un contenido específico al proceso superador del neoliberalismo.</p>
<p><strong>El posneoliberalismo del capital</strong></p>
<p>Aun antes del estallido de la crisis actual, ya eran evidentes los límites infranqueables a los que había llegado el neoliberalismo. La bonanza de los años dorados del libre mercado permitió expandir el capitalismo hasta alcanzar, en todos sentidos, la escala planetaria; garantizó enormes ganancias y el fortalecimiento de los grandes capitales, quitó casi todos los diques a la apropiación privada; flexibilizó, precarizó y abarató los mercados de trabajo; y colocó a la naturaleza en situación de indefensión. Pero después de su momento innovador, que impuso nuevos ritmos no sólo a la producción y las comunicaciones sino también a las luchas sociales, empezaron a aparecer sus límites de posibilidad.</p>
<p>Dentro de éstos, es importante destacar por lo menos tres, referidos a las contradicciones inmanentes a la producción capitalista y su expresión específica en este momento de su desarrollo y a las contradicciones correspondientes al proceso de apropiación y a las relaciones sociales que va construyendo:</p>
<p>1. El éxito del neoliberalismo en extender los márgenes de expropiación, lo llevó a corroer los consensos sociales construidos por el llamado estado del bienestar, pero también a acortar los mercados. La baja general en los salarios, o incluso en el costo de reproducción de la fuerza de trabajo en un sentido más amplio, fue expulsándola paulatinamente del consumo más sofisticado que había alcanzado durante el fordismo.</p>
<p>La respuesta capitalista consistió en reincorporar al mercado a esta población, cada vez más abundante, a través de la producción de bienes precarios en gran escala. No obstante, esta reincorporación no logra compensar ni de lejos el aumento en las capacidades de producción generadas con las tecnologías actuales, ni retribuir las ganancias esperadas. El grado de apropiación y concentración, el desarrollo tecnológico, la mundialización tanto de la producción como de la comercialización, es decir, el entramado de poder objetivado construido por el capital no se corresponde con las dimensiones y características de los entramados sociales. Es un poder que empieza a tener problemas serios de interlocución.</p>
<p>2. Estas enormes capacidades de transformación de la naturaleza en mercancía, en objeto útil para el capital, y la capacidad acumulada de gestión económica, fortalecida con los cambios de normas de uso del territorio y de concepción de las soberanías, llevaron a una carrera desatada por apropiarse todos los elementos orgánicos e inorgánicos del planeta. Conocer las selvas, doblegarlas, monopolizarlas, aislarlas, separarlas en sus componentes más simples y regresarlas al mundo convertidas en algún tipo de mercancía fue -es- uno de los caminos de afianzamiento de la supremacía económica; la ocupación de territorios para convertirlos en materia de valorización. Paradójicamente, el capitalismo de libre mercado promovió profundos cercamientos y amplias exclusiones. Pero con un peligro: Objetivar la vida es destruirla.</p>
<p>Con la introducción de tecnologías de secuenciación industrial, con el conocimiento detallado de genomas complejos con vistas a su manipulación, con los métodos de nanoexploración y transformación, con la manipulación climática y muchos otros de los desarrollos tecnológicos que se han conocido en los últimos 30 años, se traspasó el umbral de la mayor catástrofe ecológica registrada en el planeta. Esta lucha del capitalismo por dominar a la naturaleza e incluso intentar sustituirla artificialmente, ha terminado por eliminar ya un enorme número de especies, por provocar desequilibrios ecológicos y climáticos mayores y por poner a la propia humanidad, y con ella al capitalismo, en riesgo de extinción.</p>
<p>Pero quizá los límites más evidentes en este sentido se manifiestan en las crisis de escasez de los elementos fundamentales que sostienen el proceso productivo y de generación de valor como el petróleo; o de los que sostienen la producción de la vida, como el agua, en gran medida dilapidada por el mal uso al que ha sido sometida por el propio proceso capitalista. La paradoja, nuevamente, es que para evitar o compensar la escasez, se diseñan estrategias que refuerzan la catástrofe como la transformación de bosques en plantíos de soja o maíz transgénicos para producir biocombustibles, mucho menos rendidores y tan contaminantes y predatorios como el petróleo.</p>
<p>El capitalismo ha demostrado tener una especial habilidad para saltar obstáculos y encontrar nuevos caminos, sin embargo, los niveles de devastación alcanzados y la lógica con que avanza hacia el futuro permiten saber que las soluciones se dirigen hacia un callejón sin salida en el que incluso se van reduciendo las condiciones de valorización del capital.</p>
<p>3. Aunque el neoliberalismo ha sido caracterizado como momento de preponderancia del capital financiero, y eso llevó a hablar de un capitalismo desterritorializado, en verdad el neoliberalismo se caracterizó por una disputa encarnizada por la redefinición del uso y la posesión de los territorios, que ha llevado a redescubrir sociedades ocultas en los refugios de selvas, bosques, desiertos o glaciares que la modernidad no se había interesado en penetrar. La puesta en valor de estos territorios ha provocado una ofensiva de expulsión, desplazamiento o recolonización de estos pueblos, que, evidentemente, se han levantado en contra.</p>
<p>Esto, junto con las protestas y revueltas originadas por las políticas de ajuste estructural o de privatización de recursos, derechos y servicios promovidas por el neoliberalismo, ha marcado la escena política desde los años noventa del siglo pasado. Las condiciones de impunidad en que se generaron los primeros acuerdos de libre comercio, las primeras desregulaciones, los despojos de tierras y tantas otras medidas impulsadas desde la crisis y reorganización capitalista de los años setenta-ochenta, cambiaron a partir de los levantamientos de la década de los noventa en que se produce una inflexión de la dinámica social que empieza a detener las riendas sueltas del neoliberalismo.</p>
<p>No bastaba con darle todas las libertades al mercado. El mercado funge como disciplinador o cohesionador en tanto mantiene la capacidad desarticuladora y mientras las fuerzas sociales se reorganizan en correspondencia con las nuevas formas y contenidos del proceso de dominación. Tampoco podía ser una alternativa de largo plazo, en la medida que la voracidad del mercado lleva a destruir las condiciones de reproducción de la sociedad.</p>
<p>El propio sistema se vio obligado a trascender el neoliberalismo trasladando su eje ordenador desde la libertad individual (y la propiedad privada) promovida por el mercado hacia el control social y territorial, como medio de restablecer su posibilidad de futuro. La divisa ideológica del &#8220;libre mercado&#8221; fue sustituida por la &#8220;seguridad nacional&#8221; y una nueva fase capitalista empezó a abrirse paso con características como las siguientes:</p>
<p>1. Si el neoliberalismo coloca al mercado en situación de usar el planeta para los fines del mantenimiento de la hegemonía capitalista, en este caso comandada por Estados Unidos, en esta nueva fase, que se abre junto con la entrada del milenio, la misión queda a cargo de los mandos militares que emprenden un proceso de reordenamiento interno, organizativo y conceptual, y uno de reordenamiento planetario.</p>
<p>El cambio de situación del anteriormente llamado mundo socialista ya había exigido un cambio de visión geopolítica, que se corresponde con un nuevo diseño estratégico de penetración y control de los territorios, recursos y dinámicas sociales de la región centroasiática. El enorme peso de esta región para definir la supremacía económica interna del sistema impidió, desde el inicio, que ésta fuera dejada solamente en las manos de un mercado que, en las circunstancias confusas y desordenadas que siguieron al derrumbe de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, podía hacer buenos negocios pero no condiciones de reordenar la región de acuerdo con los criterios de la hegemonía capitalista estadounidense. En esta región se empieza a perfilar lo que después se convertiría en política global: el comando militarizado del proceso de producción, reproducción y espacialización del capitalismo de los albores del siglo XXI.</p>
<p>2. Esta militarización atiende tanto a la potencial amenaza de otras coaliciones hegemónicas que dentro del capitalismo disputen el liderazgo estadounidense como al riesgo sistémico por cuestionamientos y construcción de alternativas de organización social no capitalistas. Sus propósitos son el mantenimiento de las jerarquías del poder, el aseguramiento de las condiciones que sustentan la hegemonía y la contrainsurgencia. Supone mantener una situación de guerra latente muy cercana a los estados de excepción y una persecución permanente de la disidencia.</p>
<p>Estos rasgos nos llevarían a pensar rápidamente en una vuelta del fascismo, si no fuera porque se combinan con otros que lo contradicen y que estarían indicando las pistas para su caracterización más allá de los &#8220;neos&#8221; y los &#8220;pos&#8221;.</p>
<p>Las guerras, y la política militar en general, han dejado de ser un asunto público. No solamente porque muchas de las guerras contemporáneas se han enfocado hacia lo que se llama &#8220;estados fallidos&#8221;, y en ese sentido no son entre &#8220;estados&#8221; sino de un estado contra la sociedad de otra nación, sino porque aunque sea un estado el que las emprende lo hace a través de una estructura externa que una vez contratada se rige por sus propias reglas y no responde a los criterios de la administración pública.</p>
<p>El outsourcing, que se ha vuelto recurrente en el capitalismo de nuestros días, tiene implicaciones muy profundas en el caso que nos ocupa. No se trata simplemente de privatizar una parte de las actividades del estado sino de romper el sentido mismo del estado. La cesión del ejercicio de la violencia de estado a particulares coloca la justicia en manos privadas y anula el estado de derecho. Ni siquiera es un estado de excepción. Se ha vaciado de autoridad y al romper el monopolio de la violencia la ha instalado en la sociedad.</p>
<p>En el fascismo había un estado fuerte capaz de organizar a la sociedad y de construir consensos. El estado centralizaba y disciplinaba. Hoy apelar al derecho y a las normas establecidas colectivamente ha empezado a ser un disparate y la instancia encargada de asegurar su cumplimiento las viola de cara a la sociedad. Ver, si no, los ejemplos de Guantánamo o de la ocupación de Irak.</p>
<p>Con la reciente crisis las instituciones capitalistas más importantes se han desfondado. El FMI y el Banco Mundial son repudiados hasta por sus constructores. Estamos entrando a un capitalismo sin derecho, a un capitalismo sin normas colectivas, a un capitalismo con un estado abiertamente faccioso. Al capitalismo mercenario.</p>
<p><strong>El posneoliberalismo nacional alternativo</strong></p>
<p>Otra vertiente de superación del neoliberalismo es la que protagonizan hoy varios estados latinoamericanos que se proclaman socialistas o en transición al socialismo y que han empezado a contravenir, e incluso revertir, la política neoliberal impuesta por el FMI y el Banco Mundial. Todas estas experiencias que iniciaron disputando electoralmente la presidencia, aunque distintas entre sí, comparten y construyen en colaboración algunos caminos para distanciarse de la ortodoxia dominante.</p>
<p>Bolivia, Ecuador y Venezuela, de diferentes maneras y con ritmos propios, impulsan políticas de recuperación de soberanía y de poder participativo, que se ha plasmado en las nuevas Constituciones elaboradas por sus sociedades.</p>
<p>La disputa con el FMI y el Banco Mundial ha determinado un alejamiento relativo de sus políticas y de las propias instituciones, al tiempo que se inicia la creación de una institucionalidad distinta, todavía muy incipiente, a través de instancias como el ALBA, el Banco del Sur, Petrocaribe y otras que, sin embargo, no marcan una pauta anticapitalista en sí mismas sino que apuntan, por el momento, a constituir un espacio de mayor independencia con respecto a la economía mundial, que haga propicia la construcción del socialismo. Considerando que, aun sin tener certeza de los resultados, se trata en estos casos por lo menos de un escenario posneoliberal diferente y confrontado con el que desarrollan las potencias dominantes, es conveniente destacar algunos de sus desafíos y paradojas.</p>
<p>1. Para avanzar en procesos de recuperación de soberanía, indispensable en términos de su relación con los grandes poderes mundiales &#8211;ya sea que vengan tras facetas estatales o empresariales&#8211;, y para emprender proyectos sociales de gran escala bajo una concepción socialista, requieren un fortalecimiento del estado y de su rectoría. Lo paradójico es que este estado es una institución creada por el propio capitalismo para asegurar la propiedad privada y el control social.</p>
<p>2. Los procesos de nacionalización emprendidos o los límites impuestos al capital transnacional, pasándolo de dueño a prestador de servicios, o a accionista minoritario, marca una diferencia sustancial en la capacidad para disponer de los recursos estratégicos de cada nación. La soberanía, en estos casos, es detentada y ejercida por el estado, pero eso todavía no transforma la concepción del modo de uso de estos recursos, al grado de que se estimulan proyectos de minería intensiva, aunque bajo otras normas de propiedad. Para un &#8220;cambio de modelo&#8221; esto no es suficiente, es un primer paso de continuidad incierta, si bien representa una reivindicación popular histórica.</p>
<p>3. El reforzamiento del interés nacional frente a los poderes globales o transnacionales va acompañado de una centralización estatal que no resulta fácilmente compatible con la plurinacionalidad postulada por las naciones o pueblos originarios, ni con la idea de una democracia participativa que acerque las instancias de deliberación y resolución a los niveles comunitarios.</p>
<p>4. Las Constituyentes han esbozado las líneas de construcción de una nueva sociedad. En Bolivia y Ecuador se propone cambiar los objetivos del &#8220;desarrollo&#8221; por los del &#8220;buen vivir&#8221;, marcando una diferencia fundamental entre la carrera hacia delante del desarrollo con la marcha horizontal e incluso circular del buen vivir, que llamaría a recordar la metáfora zapatista de caminar al paso del más lento. La dislocación epistemológica que implica trasladarse al terreno del buen vivir coloca el proceso ya en el camino de una bifurcación societal y, por tanto, la discusión ya no es neoliberalismo o posneoliberalismo sino eso otro que ya no es capitalista y que recoge las experiencias milenarias de los pueblos pero también la crítica radical al capitalismo. Los apelativos son variados: socialismo comunitario, socialismo del siglo XXI, socialismo en el siglo XXI, o ni siquiera socialismo, sólo buen vivir, autonomía comunitaria u horizontes emancipatorios.</p>
<p>Ahora bien, la construcción de ese otro, que genéricamente podemos llamar el buen vivir, tiene que salirse del capitalismo pero a la vez tiene que transformar al capitalismo, con el riesgo, siempre presente, de quedar atrapado en el intento porque, entre otras razones, esta búsqueda se emprende desde la institucionalidad del estado (todavía capitalista), con toda la carga histórica y política que conlleva.<br />
<strong><br />
El posneoliberalismo de los pueblos</strong></p>
<p>Otro proceso de salida del neoliberalismo es el que han emprendido los pueblos que no se han inclinado por la lucha electoral, fundamentalmente porque han decidido de entrada distanciarse de la institucionalidad dominante. En este proceso, con variantes, se han involucrado muchos de los pueblos indios de América, aunque no sólo, y su rechazo a la institucionalidad se sustenta en la combinación de las bifurcaciones con respecto a la dominación colonial que hablan de rebeliones larvadas a lo largo de más de 500 años, con las correspondientes a la dominación capitalista. Las naciones constituidas en el momento de la independencia de España y Portugal en realidad reprodujeron las relaciones de colonialidad interna y por ello no son reconocidas como espacios recuperables.</p>
<p>La resistencia y las rebeliones se levantan a veces admitiendo la nación, más no el estado, como espacio transitorio de resistencia, y a veces saltando esta instancia para lanzarse a una lucha anticapitalista-anticolonial y por la construcción-reconstrucción de formas de organización social simplemente distintas.</p>
<p>Desde esta perspectiva el proceso se realiza en los espacios comunitarios, transformando las redes cotidianas y creando condiciones de autodeterminación y autosustentación, siempre pensadas de manera abierta, en interlocución y en intercambio solidario con otras experiencias similares.</p>
<p>Recuperar y recrear formas de vida propias, humanas, de respeto con todos los otros seres vivos y con el entorno, con una politicidad libre y sin hegemonismos. Democracias descentradas. Este es el otro camino de salida del neoliberalismo, que sería muy empobrecedor llamar posneoliberalismo porque, incluso, es difícil de ubicar dentro del mismo campo semántico. Y todos sabemos que la semántica es también política y que también ahí es preciso subvertir los sentidos para que correspondan a los nuevos aires emancipatorios.</p>
<p>Lo que viene después del neoliberalismo es un abanico abierto con múltiples posibilidades. No estrechemos el horizonte cercándolo con términos que reducen su complejidad y empequeñecen sus capacidades creativas y emancipatorias. El mundo está lleno de muchos mundos con infinitas rutas de bifurcación. A los pueblos en lucha toca ir marcando los caminos.</p>
<p><em>Bibliografía</p>
<p>Acosta, Alberto 2008 &#8220;La compleja tarea de construir democráticamente una sociedad democrática&#8221; en Tendencia N° 8 (Quito).</p>
<p>Prigogine, Ilya 2006 (1988) El nacimiento del tiempo (Argentina: Tusquets).</p>
<p>Constitución de la República del Ecuador 2008.</p>
<p>Asamblea Constituyente de Bolivia 2007 Nueva Constitución Política del Estado (documento oficial)</em></p>
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		<title>La explosión del desempleo</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Mar 2009 07:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<category><![CDATA[efectos crisis]]></category>

		<category><![CDATA[Ramonet]]></category>

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		<description><![CDATA[La explosión del desempleo
Ignacio Ramonet
Hay que repetirlo: la crisis aún no ha tocado fondo. Y las próximas noticias van a ser peores. Las Bolsas siguen desplomándose. Los planes de rescate fracasan uno tras otro. No impiden que las principales economías del mundo -Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, España- entren en recesión. Grandes o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La explosión del desempleo</strong><br />
<em>Ignacio Ramonet</em></p>
<p>Hay que repetirlo: la crisis aún no ha tocado fondo. Y las próximas noticias van a ser peores. Las Bolsas siguen desplomándose. Los planes de rescate fracasan uno tras otro. No impiden que las principales economías del mundo -Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, España- entren en recesión. Grandes o pequeños, los bancos se hallan en situación objetiva de quiebra. Si no se nacionaliza la banca urgentemente y en bloque, el sistema financiero occidental podría perecer.</p>
<p><span id="more-22"></span>Lo más grave es que esta nueva fase de la crisis arrastrará a algún país en su caída. Por ejemplo: Irlanda, inmersa en una grave recesión, con un sector bancario muy vapuleado y un déficit público que podría elevarse hasta el 11% del PIB. Otros países (Letonia, Estonia, Ucrania, Pakistán) podrían declararse en quiebra.</p>
<p>El huracán económico se ha llevado por delante una cuarta parte de la riqueza mundial. Y está provocando, en casi todo el planeta, el cierre de fábricas, la explosión del desempleo, una escalada proteccionista y la radicalización de las protestas sociales.</p>
<p>Causa de pobreza, de angustia y de exclusión, la lepra del desempleo se extiende. En Estados Unidos, la recesión ha destruido 3,6 millones de puestos de trabajo, a un ritmo nunca visto. La mitad durante los últimos tres meses. El total de parados ya asciende a 11,6 millones. Y firmas gigantes como Microsoft, Boeing, Caterpilar, Kodak, Pfizer, Macy&#8217;s, Starbucks, Home Depot, SprintNextel o Ford Motor planean desprenderse de 250.000 asalariados en 2009. La confianza de los consumidores se ha desplomado.</p>
<p>En China, la caída de las exportaciones provoca el hundimiento de la producción fabril y despidos masivos. Más de 20 millones de trabajadores venidos del campo han perdido su empleo. En la India, entre octubre y diciembre de 2008, medio millón de puestos de trabajo se destruyeron.</p>
<p>En Francia, una cifra resume la magnitud del seísmo: el número de horas de paro forzoso pasó de 200.000 en enero de 2008 a 13 millones en diciembre (1). Ya hay más de 2,5 millones de desempleados. Y para los menores de 25 años, el aumento de la tasa de paro alcanzó, en 2008, el 20%&#8230;</p>
<p>En España, durante el pasado mes de enero, el número de despidos aumentó en casi 200.000 personas; y el total de desocupados sobrepasa ya los 3.320.000. En 2009, el paro afectará a unos 850.000 trabajadores más, con lo cual la suma de parados superará los cuatro millones&#8230; Más de 827.000 hogares cuentan con todos sus miembros desempleados&#8230;<br />
En la UE, el número de parados es de 17,5 millones, 1,6 millones más que hace un año. Y para 2009, se prevé la pérdida de 3,5 millones de empleos. En 2010, la desocupación escalará hasta el 10% de la población activa.</p>
<p>En Sudamérica, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2009, se registrará un aumento de 2,4 millones de desempleados. Si bien los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay), así como Venezuela, Bolivia y Ecuador, podrían capear el temporal, varios Estados centroamericanos, México y Perú, por sus lazos con la economía estadounidense, sufrirán.</p>
<p>El director general de la OIT, Juan Somavía, estima que el número de desempleados en el mundo (190 millones en 2008) podría incrementarse en 51 millones más a lo largo de 2009. Y recuerda que los trabajadores pobres (que ganan apenas dos euros diarios) serán 1.400 millones, o sea el 45% de la población activa mundial (2).</p>
<p>La brutal explosión del desempleo provoca naturalmente el retorno del nacionalismo económico. Rusia ha decidido elevar el gravamen para los coches importados y ha introducido aranceles a la carne de ave y de cerdo. Ecuador lo ha hecho para los teléfonos móviles y el material de transporte. La India ha anunciado que prohibirá durante seis meses la importación de juguetes de China. Argentina e Indonesia han creado nuevos aranceles para limitar algunas importaciones.</p>
<p>Grecia ha prohibido a sus bancos que socorran a las sucursales en otros países balcánicos. EEUU ha decidido apoyar a las Big Three (Chrysler, Ford, General Motors) de Detroit, pero sólo para que salven sus plantas en el país. No ayuda a las multinacionales extranjeras (Toyota, Kia, Volkswagen, Volvo) instaladas en su territorio. Francia y Suecia han anunciado que condicionarán las ayudas a sus industrias automotoras: sólo podrán beneficiarse los centros ubicados en sus respectivos países. La ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, declaró que el protectionismo podía ser &#8220;un mal necesario en tiempos de crisis&#8221;. El ministro español de Industria, Miguel Sebastián, insta a &#8220;consumir productos españoles&#8221;. Y en Alemania, gran país exportador, una reciente encuesta reveló que el 78% de los empresarios de PYME eran favorables a medidas protectionistas (3).</p>
<p>Este auge del nacionalismo económico está provocando brotes de xenofobia. En Reino Unido, uno de los países más golpeados por la crisis, con unas previsiones de reducción de la actividad del 2,8%, miles de obreros del sector de la energía, gritando la  consigna &#8221; UK jobs for British workers! &#8221; (&#8221;Empleos británicos para trabajadores británicos&#8221;), se declararon en huelga contra la contratación de trabajadores portugueses e italianos en las obras de la refinería Total de Lindsey (Lincolnshire). Al mismo tiempo, en ese mismo país, cientos de miles de polacos eran &#8220;invitados&#8221; a regresar a su tierra natal. Igual en Irlanda, donde el sentimiento antipolaco crece a medida que aumenta el índice de desempleo. En Italia se está expulsando sin miramientos a los rumanos. Y en todas partes se cuestiona el derecho de residencia de los inmigrantes legalmente establecidos (léase, p. 3, el artículo de Javier de Lucas ).</p>
<p>En numerosos países, grandes empresarios o banqueros que reclaman a gritos -y obtienen del Estado- ayudas millonarias, se aprovechan de la crisis para despedir a mansalva y reducir costes. Una actitud que, en el actual contexto de crecimiento descontrolado del desempleo, enfurece. Por eso se multiplican las protestas sociales. Las turbulencias ya han causado la caída de los Gobiernos de Bélgica, Islandia y Letonia. Se han registrado manifestaciones en Francia, con una huelga nacional el 29 de enero, enfrentamientos violentos en Guadalupe y una nueva jornada nacional de acción prevista para el 19 de este mes. Los países más vulnerables de la UE: Hungría, Bulgaria, Grecia, Letonia, Lituania&#8230; también han registrado protestas y disturbios más o menos violentos.</p>
<p>Para los ciudadanos, el desempleo es una de las peores formas de represión; una demostración en carne propia de la violencia del capitalismo. Por eso la rabia. Se avecinan tiempos sombríos. El concepto de crisis no alcanza a explicar el momento que estamos viviendo. Un cambio de era. Una mutación de valores. ¿Una esperanza de justicia y de progreso?</p>
<p><em>Notas:<br />
(1) Sami Nair, &#8220;¿Xenofobia o Europa social?&#8221;, El País , Madrid, 7 de febrero de 2009.<br />
(2) Le Monde , París, 28 de enero de 2009.<br />
(3) Time Magazine , 4 de febrero de 2009.</em></p>
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		<title>Minicumbre europea en Berlín: mucho ruido (mediático) y pocas nueces (decisiones concretas)</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Feb 2009 07:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<category><![CDATA[G-20]]></category>

		<category><![CDATA[Hernandez Vigueras]]></category>

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		<description><![CDATA[Minicumbre europea en Berlín: mucho ruido (mediático) y pocas nueces (decisiones concretas)
Juan Hernandez Vigueras
“Europa quiere que el G-20 ponga coto a los paraísos fiscales” “La UE pedirá la regulación de todos los productos financieros”
Eran los titulares del lunes 23 febrero 2009 en primera página de un periódico, antes independiente por la mañana y ahora, global. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Minicumbre europea en Berlín: mucho ruido (mediático) y pocas nueces (decisiones concretas)</strong><br />
<em>Juan Hernandez Vigueras</em></p>
<p>“Europa quiere que el G-20 ponga coto a los paraísos fiscales” “La UE pedirá la regulación de todos los productos financieros”<br />
Eran los titulares del lunes 23 febrero 2009 en primera página de un periódico, antes independiente por la mañana y ahora, global. Los demás decían casi lo mismo y con el mismo escaso fundamento.<br />
Ejemplos de desinformación interesada, mero eco de los comunicados de prensa y “charletas” de los portavoces de la campaña mediática de unos gobiernos que siguen sin querer abordar en serio la reforma de un sistema financiero global en crisis y apoyado en la opacidad de la banca en la sombra.</p>
<p><span id="more-49"></span>Primera falsedad: En la reunión del domingo 22 febrero 2008 en Berlín, preparatoria de la reunión del G-20 en Londres, a la que se refería la información amparada por esos titulares, no asistió Europa ni siquiera la Unión Europea sino solamente siete países europeos (Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, España, Holanda y la República Checa por su presidencia euro escéptica). Los socios restantes no saben y ya veremos que contestan.</p>
<p>Segunda falsedad: En la prensa internacional no aparece ningún documento que acredite tal acuerdo explícito contra los paraísos fiscales ni menos que la Unión Europea haya pedido una regulación de todos los productos financieros. ¿A quien tiene que pedírsela cuando podría hacerla por si misma?</p>
<p>Tercera falsedad: Los supuestos acuerdos para suprimir los paraísos fiscales.<br />
¡Ojalá hubieran acordado todo eso!</p>
<p>¿Está de acuerdo Berlusconi que ha llegado a Presidente del Gobierno italiano, gracias al secretismo de los paraísos fiscales, como cuento en La Europa opaca de las finanzas. Y sus paraísos fiscales offshore?</p>
<p>¿Está de acuerdo Brown en suprimir los centros offshore británicos, quien como Ministro de hacienda del gobierno Blair fue incapaz de aplicar a Jersey y a las islas del Canal las recomendaciones de transparencia del Informe Edwards?</p>
<p>¿Está de acuerdo Merkel que no ha pedido la expulsión de Liechtenstein del Espacio Económico Europeo que le asocia a la UE, a pesar del amparo que presta a la evasión fiscal en Alemania y en Europa, como demostró el famoso DVD adquirido ilegalmente por su gobierno hace menos de un año?</p>
<p>¿La Comisión europea acepta ahora regular los fondos de alto riesgo o hedge funds, cuando lleva dos años oponiéndose a su regulación como le ha pedido el Parlamento europeo?</p>
<p>¿Por qué no explican el incumplimiento en la aplicación de la tercera directiva antiblanqueo dirigida contra los paraísos fiscales porque casi nadie ha traslado a sus legislaciones antes de terminar 2007, como estaba previsto?</p>
<p>¿Por que los gobiernos europeos, incluido el gobierno Zapatero, ayudan con dinero público y avalan a los bancos, sin exigirles que supriman sus filiales en notorios paraísos fiscales donde no tienen negocio bancario local?</p>
<p>Con Obama muy ocupado en los propios problemas económicos e intereses imperiales de EEUU, podemos anticipar ya los decepcionantes resultados de la próxima cumbre del G-20 en Londres, entre otras razones, porque ningún gobierno europeo parece capaz de adoptar medidas de control sobre la banca y las finanzas para superar la crisis del sistema bancario.</p>
<p>Por eso, entre tanto, ¡tenemos política de ruido mediático para distraer al personal agobiado por la crisis de sus bolsillos!.-</p>
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		<title>Crisis económica, crisis ecológica y el resurgimiento del keynesianismo</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Feb 2009 07:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<category><![CDATA[crisis ecologica]]></category>

		<category><![CDATA[Roca]]></category>

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		<description><![CDATA[Crisis económica, crisis ecológica y el resurgimiento del keynesianismo
Jordi Roca Jusmet

[Intervención en la jornada sobre Crisis económica y alternativas, organizada por el IU-ICV en el Congreso de Diputados, Madrid, 20 de febrero de 2009] 
En esta intervención reflexionaré sobre la crisis económica y las respuestas a la misma en el contexto de una crisis ecológica [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Crisis económica, crisis ecológica y el resurgimiento del keynesianismo</strong><br />
<em>Jordi Roca Jusmet</em><br />
<em><br />
[Intervención en la jornada sobre Crisis económica y alternativas, organizada por el IU-ICV en el Congreso de Diputados, Madrid, 20 de febrero de 2009] </em></p>
<p>En esta intervención reflexionaré sobre la crisis económica y las respuestas a la misma en el contexto de una crisis ecológica con una dimensión diferente y de solución aún más difícil.</p>
<p><span id="more-11"></span>En primer lugar, querría destacar que aunque las dos crisis, la económica y la ecológica, son de carácter muy diferente tienen algo importante en común. La raíz de los problemas de degradación ambiental está en que empresas y consumidores se preocupan de sus costes y beneficios privados pero se desentienden de los impactos ambientales que generan, los cuales recaen sobre el conjunto de la sociedad.</p>
<p>Una de las raíces de la actual crisis financiero-económica es un marco institucional en el que los que toman decisiones muchas veces no tienen incentivos para preocuparse lo suficiente sobre los riesgos y costes sociales de esas decisiones. Esto es así para los que invierten el dinero de otros asumiendo elevados riesgos, para los ejecutivos que tienen sus ingresos blindados pase lo que pase con el negocio que gestionan, para los que cobraban comisiones o ascendían en función de cuanto dinero prestaban en créditos hipotecarios a personas que ingenuamente pensaban que los tipos de interés se mantendrían siempre en mínimos y que los precios de sus viviendas nunca bajarían, para los que piensan que de ir mal dadas ya se socializarán las pérdidas gracias a la intervención de las administraciones públicas o incluso simplemente de los accionistas que tienen “responsabilidad limitada” en las pérdidas, sin que los posibles beneficios tengan ningún límite.</p>
<p>La crisis no ha estallado, desde luego, por problemas ecológicos, ya que los mecanismos de retroalimentación entre problemas ecológicos y dinámica económica son pocos y generalmente muy retardados. Si, por ejemplo, los ecosistemas naturales no pueden absorber las emisiones de gases de efecto invernadero ello no tiene porqué afectar a los negocios privados (y a veces incluso la degradación ambiental genera oportunidades de negocio en nuevas actividades). En cambio, en los mercados es diferente: si la demanda de vivienda no puede absorber una oferta desmesurada, el mercado se acaba hundiendo (como era muy fácil de prever que acabaría pasando en España: lo extraño es que no pasase antes).</p>
<p>El único terreno en el cual parecía —antes de la crisis— que las tensiones entre sistema económico y abuso de la naturaleza podían causar una crisis económica a corto plazo era en el de la insostenibilidad del modelo energético. El alza de los precios del petróleo (¡que llegó a los 150$ el barril hace menos de un año!) parecía imparable y reflejaba tensiones reales entre una demanda creciente y una capacidad de oferta casi al límite y reflejaba también unas expectativas de que la tensión aumentaría en el futuro. El aumento del precio del petróleo tuvo efectos económicos —en el déficit exterior de muchos países, en la dramática alza de los precios de los alimentos,&#8230; — pero, sin embargo, la crisis no ha tenido como un factor desencadenante el precio del petróleo: la relación de causalidad ha ido en sentido contrario, es la crisis económico-financiera la que ha disminuido la demanda de petróleo y con ello los precios. Sin embargo, el debate sobre el fin próximo de la era del petróleo debe seguir tomándose muy en serio y me parece irresponsable que el hundimiento de los precios del petróleo se considere una buena noticia económica: menor precio del petróleo significará consolidación de la adicción al petróleo cuando lo que se necesita es una rápida (y nada fácil) transición hacia otro modelo energético. Para mí sería el momento no de alegrarse de que baje el precio de los carburantes sino de aumentar la fiscalidad sobre los carburantes (que por cierto en España es significativamente más baja que en la mayoría de países de la UE): los ingresos fiscales, además, bienvenidos serían para el necesario aumento del gasto público en la coyuntura actual.</p>
<p>La crisis económica ha golpeado de forma tan rápida e intensa y con efectos tan dramáticos sobre la población que uno puede entender que la respuesta dominante sea la de dar prioridad absoluta al crecimiento para volver a los “buenos tiempos”, cuando la economía iba bien. Buenos tiempos para muchos pero tiempos de precariedad e insatisfacción para muchos otros; tiempos de desigualdad (con por ejemplo grandes sueldos frente a contratos basura; grandes pelotazos inmobiliarios frente a dificultades para el acceso a la vivienda); tiempos de creciente consumo energético y de insostenibilidad ambiental.</p>
<p>Desde hace muchas décadas ha habido importantes críticas a la identificación entre éxito económico y crecimiento del Producto Interior. Críticas que provienen, además, de muy diversos frentes. La crítica feminista que destaca que toda la actividad no remunerada ligada al cuidado de personas y al trabajo doméstico no aparece para nada en las Cuentas Nacionales. La crítica social que señala que la distribución del ingreso o el nivel de prestaciones públicas son tanto o más importantes que el ingreso per cápita para determinar el nivel de vida de la mayoría de la población. Y la crítica de la economía ecológica que denuncia que la destrucción de recursos naturales y de servicios ambientales no aparece reflejada en absoluto en el Producto Interior Bruto ni tampoco en el PI Neto.</p>
<p>Todos estos debates han generado una potente línea de disensión respecto al objetivo del crecimiento económico que para mí podría resumirse en dos conclusiones:</p>
<p>La primera. ¡Lo que nos debe importar es el bienestar de las generaciones actuales y la perspectiva de bienestar de las generaciones futuras y no lo que pase con el PIB!</p>
<p>La segunda. ¡Dado el actual nivel de consumismo en los países ricos es perfectamente posible pensar en una economía estacionaria o en decrecimiento en la que aumente el bienestar de la mayoría de personas!</p>
<p>Ello no significa, por supuesto, que el decrecimiento sea siempre bueno —¡la actual crisis económica es obviamente nefasta para muchísima gente! — del mismo modo que el crecimiento no siempre es bueno. La cuestión no es crecer o no crecer sino discutir —¡y planificar! — qué actividades fomentar y cuáles desincentivar, y cómo distribuir tanto los ingresos y los servicios públicos como el trabajo.</p>
<p>Sin duda, en mi opinión, por poner un ejemplo, en los países ricos debemos buscar un futuro con menos producción y uso de coches (sean más o menos eficientes: el trasporte en coche particular es extremadamente intensivo en energía en cualquiera de los casos y provoca muchos otros problemas ambientales; está muy bien que se diferencie fiscalmente entre coches según su potencial contaminador como se decidió en este congreso de diputados para el impuesto de matriculación en España y como se tendría que hacer también con el impuesto municipal de circulación reformando la ley de haciendas locales; pero lo que no se debería hacer es subvencionar ni directa ni indirectamente a la industria del automóvil); también me parece claro que debería reducirse la industria de la publicidad que no hace otra cosa que fomentar el consumismo; en cambio, debería aumentar el gasto en terrenos como la energía fotovoltaica, el aislamiento energético de edificios, el transporte público, la financiación de la atención a las personas mayores, la educación, etc.</p>
<p>En los momentos actuales de crisis ha resurgido —de una forma que no hubiésemos creído hace muy poco tiempo— el keynesianismo. Además, lo que es muy interesante, muchos han visto en el gasto en energías limpias y en conservación ambiental un componente fundamental de una estrategia keynesiana frente a la actual crisis; incluso se ha acuñado el término keynesianismo verde o new deal verde. Mi reacción ante este resurgimiento del keynesianismo es ambivalente.</p>
<p>En primer lugar, hay que celebrar el cambio de aires cuando hasta hace poco toda la ortodoxia económica abogaba a favor de las virtudes del mercado y de una reducción del papel del sector público.</p>
<p>En segundo lugar, coincido totalmente en que es momento de aumentar de forma importante el gasto público en protección social (para reducir los efectos sociales negativos de la crisis), en servicios públicos y en reestructurar la economía para hacerla más sostenible. Los puestos de trabajo que ello genere por supuesto muy bienvenidos serán.</p>
<p>Estos son los aspectos claramente positivos para mí.</p>
<p>Sin embargo, el actual “keynesianismo verde” también tiene sus peligros. Me preocupa que a veces se defiendan las inversiones en lo que podríamos llamar el sector “energético-ambiental” no tanto por su necesidad para una mayor sostenibilidad sino por su posible papel como nuevo “motor de crecimiento económico”; para volver al considerado irrenunciable objetivo del crecimiento económico.</p>
<p>Cuando éste es el planteamiento, puede pasar fácilmente que el argumento “verde” sea oportunista, simplemente una justificación de una actuación determinada sin analizar seriamente su conveniencia desde el punto de vista de la sostenibilidad. Un ejemplo claro —ya apuntado— es la apuesta por la industria automovilística como “sector de futuro” aunque sea con coches más eficientes o coches eléctricos: está bien que la industria investigue en coches más eficientes y en coches con combustibles alternativos pero un futuro más sostenible pasa necesariamente por una reducción del uso de coches en los países ricos.</p>
<p>Lo que puede ser una consecuencia de la “reestructuración ecológica de la economía” —generar actividad económica y requerimientos de trabajo— no debe considerarse como el objetivo en sí mismo puesto que un camino hacia una mayor sostenibilidad ha de comportar también —o incluso sobre todo— cambios que no generan actividad económica y requerimientos de trabajo sino que los reducen: mayor durabilidad de los productos, menos consumismo, mayor austeridad en los países ricos. (Además, en el caso español, la disminución del consumismo es necesaria no sólo por cuestiones ambientales sino de mera sostenibilidad económica si tenemos en cuenta el enorme déficit de la balanza por cuenta corriente española).</p>
<p>Finalmente, una reflexión sobre el déficit público. No creo que sea en absoluto el momento de dar prioridad al equilibrio presupuestario pero tampoco debería frivolizarse sobre el déficit público. En el contexto actual, el de los países de la zona euro, el déficit público se financia con deuda pública. Un optimista keynesiano puede pensar que esto no es problemático ya que si el déficit público es exitoso generará crecimiento económico y este crecimiento servirá para pagar el servicio de la deuda. Sin embargo, si uno es escéptico sobre las posibilidades y sobre la propia deseabilidad del crecimiento, entonces la carga futura de la deuda, que puede representar un porcentaje importante de la renta y del gasto público —sobre todo si se dispara su coste en caso de surgir dudas sobre el cumplimiento del Estado con los pagos—, es más preocupante.</p>
<p>Una conclusión clara es que no hay que disminuir en absoluto la presión fiscal. Al contrario, en mi opinión, la tendencia debería ser —prudentemente— aumentar la recaudación fiscal: ante todo, revisando la actual fiscalidad favorable para los ingresos de capital; y aumentando también la fiscalidad sobre los ingresos medios y elevados. La mayor fiscalidad sobre los mejor situados (con la pérdida de poder adquisitivo privado que comportaría para algunos) tendría efectos reductores sobre la desigualdad y el consumismo y tendría como contrapartida la posibilidad de una mayor oferta de protección y servicios públicos sin crear una enorme carga para el futuro.</p>
<p>Se deberían también dar pasos decididos hacia la fiscalidad ambiental (o alternativamente a la venta —y no distribución gratuita como hasta ahora— de permisos de contaminación) para penalizar diferencialmente los consumos que generan más contaminación. El objetivo principal de la fiscalidad ambiental no es desde luego recaudar dinero sino incentivar cambios de comportamiento: pero en momentos en que las necesidades de gasto son tan importantes, bienvenidos serían también los ingresos fiscales obtenidos.</p>
<p>En definitiva, y a modo de resumen, en mi opinión no debemos pensar en respuestas a la crisis económica que olviden la crisis ecológica. Ante la actual crisis económica no deberíamos aparcar las críticas al objetivo del crecimiento económico sino que la crisis debería ser una oportunidad para poner en primer plano las cuestiones distributivas y el debate sobre qué actividades incentivar y cuáles desincentivar.</p>
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		<title>¿Quién pagará la crisis?</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Feb 2009 07:00:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

		<category><![CDATA[efectos crisis]]></category>

		<category><![CDATA[Nair]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Quién pagará la crisis?
Sami Nair
¿Quién pagará las consecuencias de la crisis? No es una pregunta abstracta, sino central. Conocemos a los culpables de la crisis: mercados financieros ultraespeculativos en los que manipuladores sin escrúpulos y accionistas codiciosos invierten con frecuencia, banqueros sospechosos, que son minoría en el oficio pero que le causan un gran daño, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿Quién pagará la crisis?</strong><br />
<em>Sami Nair</em></p>
<p>¿Quién pagará las consecuencias de la crisis? No es una pregunta abstracta, sino central. Conocemos a los culpables de la crisis: mercados financieros ultraespeculativos en los que manipuladores sin escrúpulos y accionistas codiciosos invierten con frecuencia, banqueros sospechosos, que son minoría en el oficio pero que le causan un gran daño, un sistema monetario desconectado de la actividad productiva, etc. Quienes tenían un sentido mínimamente realista de la economía sabían desde hacía tiempo que este sistema iba a reventar. ¿Pero quién les escuchó? Ya se anuncia en todo el mundo uno de los mayores signos del paso de la recesión a la depresión: el aumento de las reivindicaciones salariales y de la pobreza. ¿Qué hacer con este sistema que ha provocado el caos, después de haber pretendido ser en estos últimos decenios el mejor y el único? Hay varias propuestas y una tendencia de fondo que se perfila.</p>
<p><span id="more-52"></span>De acuerdo con estas propuestas, unos dicen que hay que restablecer el vínculo entre la producción y los mercados financieros para evitar las huidas especulativas. Son los de la escuela de la racionalización y del buen sentido. Otros creen que esta crisis pasará rápidamente pero que hay que aprovechar el momento para instaurar reglas éticas con el fin de perseguir a los tramposos. Estos pertenecen a la escuela de los ingenuos. Otros, más numerosos y más rigurosos, llaman a instaurar reglas draconianas para encuadrar el mercado y proteger el interés general. Están, por último, quienes defienden dos posiciones simétricas pero totalmente opuestas. Por un lado, los que dicen que la crisis es debida al intervencionismo estatal. Éste es el punto de vista surrealista de algunos banqueros y de los herederos de Margaret Thatcher. Y, por el otro, los que sostienen que el sistema capitalista ha fallecido de muerte natural, y que hace falta una salida hacia un nuevo sistema económico, ecológico y duradero.</p>
<p>Estas posturas diversas pueden coincidir y mezclarse a veces, aunque definen bien el campo de posibilidades actual. La única certeza que tenemos es que no sabemos adónde vamos, y que las elites políticas se muestran incapaces de hacer otra cosa que no sea gobernar a ojo. Impotencia tanto más angustiosa en cuanto la actual tendencia de fondo prepara un cruel porvenir para los más débiles. Porque el dinero que reparte el Estado en forma de recapitalización de los bancos aparentemente no sirve para atajar la crisis. Los bancos no dan préstamos ni a las pequeñas ni a las medianas empresas, las cuales podrían crear empleos, ni a los particulares, quienes podrían relanzar la máquina productiva con el consumo. De ahí a suponer que aquéllos se sirven en realidad del dinero de los contribuyentes para reflotar sus propias capacidades competenciales, sólo hay un paso&#8230;</p>
<p>Naturalmente la única manera de evitar esta cínica manipulación sería que, a cambio de su ayuda, el Estado pidiera estar en los consejos de administración de estas instituciones para controlar el uso del dinero prestado. E incluso, en el caso de los bancos y las agencias más vulnerables, nacionalizarlas, perspectiva que muchos se plantean seriamente en EE UU y Reino Unido.</p>
<p>Los mercados financieros, que son los responsables de la crisis, quieren, sin embargo, una mayor &#8220;flexibilidad &#8221; del mercado laboral, lo que ante todo significa el derecho a contratar y despedir a su gusto, luego recortar los derechos sociales, y finalmente bajar los salarios en un contexto de escasez de empleo y de fuerte competencia entre los asalariados. En definitiva, las recetas ultraliberales de la escuela de Milton Friedman que prevalecían bajo el régimen de Pinochet, y que existen hoy en muchos sectores de actividad en China. Naturalmente, semejante terapia lleva inevitablemente a la explosión social. La Organización Internacional del Trabajo prevé en su último informe, cerca de 240 millones de desempleados en 2009, es decir, 51 millones más que en 2007, lo que llevará a un incremento de la pobreza. El mismo informe sostiene que España será la más afectada en Europa, ya que su tasa de desempleo podría pasar del 11,3 % a más del 16 %.</p>
<p>Es probable que estemos en el ojo del huracán, pero lo peor está aún por llegar. ¿Cuánto tiempo durará esto? Nadie lo sabe. La reunión del G20 prevista en Londres a principios de abril debería ofrecer pistas sobre los caminos a seguir. Pero está claro que no se podrá salir de la crisis sólo en detrimento de las clases asalariadas. Lo que es seguro, en cambio, es que si los gobiernos, a expensas del interés general, toman de manera conjunta y coordinada las decisiones impuestas a regañadientes, las calles se llenarán de manifestantes y eso, sea cual sea el resultado de las elecciones.</p>
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