En 2005, los dirigentes de más de cien países se reunieron en París con la intención de mejorar el impacto de la cooperación para el desarrollo y cumplir con los Objetivos de Desarrollo de Milenio para 2015. De esta reunión surgió la Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda al Desarrollo. Esta declaración es un plan practico que fija unas metas a poner en práctica antes de 2010 y unos indicadores con los que evaluar el proceso.
Se basa en cinco principios fundamentales que buscan la efectividad para el desarrollo: Apropiación, alineación, armonización, gestión orientada a resultados y responsabilidad mutua; todos ellos entorno a un eje central, que los países empobrecidos sean soberanos de su propio desarrollo.
Con la Declaración de París se ha dado un paso muy importante para mejorar la calidad de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), sin embargo ha tenido poco interés mediático. Como casi siempre en estos temas, corresponde a las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) informar sobre sus principios y a la ciudadanía presionar a los gobiernos para exigir su cumplimiento.
A pesar de que la Declaración de París supone un esfuerzo colectivo en la dirección correcta no está libre de críticas, pues se considera que no aborda en profundidad temas esenciales, como: La ayuda ligada y los créditos FAD; la evasión fiscal y los paraisos fiscales; o el enfoque de género.
Además las OSC creen fundamental otro pacto más ámplio, que busque la eficacia del desarrollo, no solo de la AOD para que se incluyan temas como la condonación del 100% de la Deuda externa, mecanismos para conseguir un mercado internacional justo y políticas coherentes con el objetivo de desarrollo en temas de seguridad, migraciones, energía e inversiones.
Estas organizaciones (OSC) también han mostrado su preocupación en torno a la representación. Desde la sociedad civil se quiere profundizar en el principio de “apropiación democrática” reforzando la participación en el proceso de diseño, aplicación y evaluación de las políticas de desarrollo.
Con todo, es esencial que se cumplan los acuerdos firmados en la Declaración de París. El haber llegado a 1.020 millones de personas que pasan hambre demuestra no solo la importancia, también la urgencia. La crisis no puede servir de escusa, porque cuando hablamos de desarrollo no estamos hablando del mero reparto “solidario” de nuestras sobras, estamos hablando de un proceso político en el que las personas pobres reclaman sus derechos. Cuando los Derechos Humanos no se respetan la justicia del mundo se ve comprometida.
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Declaración de París
Mejor ayuda: una condición necesaria para el desarrollo



















