Leía hace poco, en un periódico nacional sobre las decepcionantes conclusiones de la última reunión del G-20, que decía lo siguiente:
“(…) Pero difícilmente cabía esperar que un grupo informal de países ricos o recientemente enriquecidos por el último auge fuera a hacer otra cosa. (…)”
Evidentemente no querían, ni iban a hacer otra cosa. Ni en esta, ni en las próximas reuniones. Lo que es increíble es que, los cerca de 200 países que existen en el mundo, acepten libremente las decisiones que se toman en una reunión en la que solo pueden asistir 20.
Pero a mí, además, me preocupa mucho que me incluyan como parte de esas decisiones. El G-20 no representa a ningún país y mucho menos a sus ciudadanos. O acaso, ¿los asistentes a la reunión han organizado algún referéndum, plebiscito o consulta social para saber que opina la población de sus respectivos países? Es una reunión de 20 señores que quieren decidir el destino de toda la humanidad, y lo hacen pensando en sus propios intereses y en los de sus amigos, nada más y nada menos.
Cada vez es más evidente que al igual que el capitalismo ha resultado ser un fracaso como sistema económico, la tradicional democracia representativa tampoco responde con eficacia las demandas de la población.
Por un lado; la aceptación de las premisas capitalistas, ha convertido a los políticos en meros gestores de la economía, promocionando a aquellos que han tenido éxito en sus negocios personales como garantía de gestión de gobierno. De esta manera, todos los asuntos sociales quedan relegados a un plano muy inferior.
Por otro, una democracia que solo permite participar a sus ciudadanos para votar en las elecciones, es una democracia que fomenta, como mínimo, la corrupción. Algo que se está haciendo cada vez más patente.
Es muy urgente incorporar mecanismos de participación ciudadana que corrijan estos y otros peligros.
Existen en el mundo mecanismos y modelos muy interesantes que han demostrado ser eficaces. Como el presupuesto participativo, que se utilizó por primera vez en Porto Alegre (Brasil) y que consiste en organizar a la población de tal manera que pueda participar en la elaboración de los presupuestos públicos (normalmente municipales). De esta forma se hace un reparto más democrático de los recursos, al mismo tiempo que se dificulta que se den casos de corrupción. Tal fue el éxito de esta iniciativa que se está copiando en muchos lugares por todo el mundo. En España tienen presupuestos participativos ciudades tan importantes como Sevilla, Córdoba, Albacete; y en nuestra comunidad, Getafe.
Otros modelos llevan funcionando mucho más tiempo, como la Democracia Directa en Suiza que se lleva aplicando tanto a nivel local como federal desde hace 120 años, y del que los suizos se sienten especialmente orgullosos. De hecho, el caso suizo ha demostrado que la democracia directa se puede aplicar no solo en pequeñas poblaciones rurales, como muchos apuntan, si no también en grandes sociedades industriales altamente desarrolladas.
Sus principales herramientas son: el referéndum (obligatorio en las reformas constitucionales) y la iniciativa popular; con las que los suizos eligen las leyes que quieren o incluso revocar leyes ya aprobadas.
Aranjuez también ha dado un paso hacia la participación, aprobando un Reglamento de Participación Ciudadana y creando órganos de participación como El Consejo de Ciudad, los Consejos Sectoriales y los Consejos de Barrio. Esperemos que sea un primer paso para consolidar una democracia más participativa.
Más información:
http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia_participativa



















